Rumbo

¿Será que me permito ser feliz? ¿Puedo ser feliz? ¿Creo que tengo derecho a la felicidad?  ¿De qué depende mi felicidad?

Mi felicidad radica en un estado interior. Depende de una decisión mía. Por otro lado, también convergen circunstancias que no podría llamar de externas, ya que se refieren a mi familia, amigxs y colegas. Soy feliz porque vivo centrado, focalizado, orientado a mi tesoro interior, esa luz que veo adentro de mi corazón.

Me veo obligado a mantener esta dirección. Dejarla sería volver a ser juguete de las fuerzas extrañas y alienantes que rondan por ahí. La vida sucede en el espacio mínimo de una respiración, de una mirada, de un paso, de un abrazo, de un aprieto de manos, de una promesa, de un cariño.

Han pasado ya muchos años desde el comienzo de mi vida, como para que pueda yo querer desperdiciarla dejándome llevar por algo menos valioso que el amor, la paz, el arte, que cultivo tanto cuanto puedo y cada vez con más intensidad. Crear y disfrutar es lo que me rescata.

Esto se resume a un color: Amarillo. Del polen de las flores, del amanecer y del crepúsculo, del sol. No van a robarme la alegría en nombre de nada: ni de la lucha de clases ni del combate al fascismo. Mi foco no es el mal, no lo fue en los arduos tiempos en que la luz parecía haber desaparecido para siempre, y no lo será en ningún tiempo.

La única revolución que creo posible e imprescindible es la del amor. Sin amor no hay vida, no hay mañana, no hay nada. Con amor puedo inclusive soportar la coexistencia con circunstancias adversas y con personas contrarias a mis principios y valores, sin doblarme ni romperme.