Reconstrucción

fotoHay varias prácticas y lugares sociales cruciales para la recuperación de la persona humana.

A veces uno cree que podría llegar a querer escribir alguna cosa. Hay algo que quieres compartir, y sabes qué es. Son como unos hilitos de oro que has venido recogiendo. Cosas que vas recibiendo en este tu andar por la vida, y que como un hornero, vas juntando. Impresiones, sensaciones, sentimientos. Certezas. Claridad. Superación de problemas.

Aceptación de vos mismo. Las prioridades se siguen ordenando. Las cosas van ocupando su lugar. Te vas integrando. Te vas recomponiendo. Y ahora que la mañana está como que esperando para nacer, te preguntas si era esto lo que querías decir, o si hay otras cosas. Era esto y hay otras cosas. Siempre hay otras cosas.

Cosas que uno guarda como tesoros, porque son tesoros. Aquello que le da sentido a la vida, y que has venido buscando y sigues buscando. Recuerdos de la cena de anoche, con el matrimonio amigo. Cosas intangibles. Cosas que son esa fina trama a la que me he referido, y que son la propia substancia de la vida.

Saber entonces que sí, que el amor es esa cosa que sostiene todo lo que existe. Saberlo de manera concreta y real. Saber que uno está hecho de eso. Uno fue hecho con amor y por amor. Y por amor seguimos viviendo. Y si a esta hora todavía como que me agarro a esto de escribir, es porque de algún modo querría seguir avanzando hacia eso que está aquí, allá, y en todas partes, y que me envuelve y envuelve todas las cosas.

Uno va aprendiendo a decir y a callar. No como algo definitivo, sino en aprendizaje contínuo. Aprender a vivir en la realidad. Saber que la realidad la vamos construyendo a muchas manos. Poder confiar. Aprender a confiar. Saber que uno es capaz de hacer lo que es necesario. Y que en la medida en que vamos apoyándonos más y más en el ser que somos, en el ser que cada uno es, que nunca es un ser aislado ni separado, sino un ser integrado, vamos obteniendo una especie de bienestar, una alegría interior, que se parece mucho a la felicidad.

Yo sé que no estaría diciendo estas cosas si no me hubiera ido levantando de caídas muy violentas que me tocó experimentar. La sabiduría popular lo dice a su modo, un modo claro y drecto. Me he venido levantando de muchas caídas, he venido de muchas muertes, de muchos extravíos, y lo sigo haciendo, pues el proceso es contínuo.

Pero lo que me gustaría poder a llegar a registrar ahora, es cómo ese caerse y levantarse que es tan típico del existir, que comienza cuando niños o niñas en nuestros primeros pasos, no cesa a lo largo de la vida. Si sigo insistiendo es porque están esas rendijas, esas hebras de luz, esos hilos de oro que van reponiendo lo esencial a toda hora.

Eso que te muestra que a cada apagón sigue la luz. Apagones bravos que nos tocó enfrentar como persona, familia, pueblo y nación, dejaron marcas. Cicatrizes que hay que ir reprocesando cada vez que vuelven a dar señales. Y si hoy puedo irme viendo y puedo irme rehaciendo en esto del escribir, en esto de escribir y leerme en lo que escribo, es porque hay personas muy queridas que desde muy cerca, desde el amor y la amistad, me han venido mostrando que esto era y es posible. Que es posible reescribirse.

Por eso insisto, he venido insistiendo y seguiré insistiendo. Hasta tenerme del todo del lado de acá, aunque ese estar acá sea siempre un poco un vai-ven. Estar y no estar. Estar pero no del todo. Yendo y viniendo. Como las olas del mar. Como el propio movimiento de la vida. Y aquí no puedo dejar de mencionar algunos lugares y algunos quehaceres que tienen una importancia crucial en esto de la recuperación de mi ser real.

La Terapia Comunitaria Integrativa, donde he venido reponiendo mi humanidad en su sentido más puro y primero, una especie de renacer contínuo donde fui deshaciendo la extrañeza y el extrañamiento y recuperando una noción de pertenecimiento y arraigo. Mi familia, que estuvo y sigue estando adentro, alrededor mío y más allá de las fronteras de la vida y de la muerte.

Y mis amigos y amigas, aún aquellos que el tiempo parecía haber colocado en lugares distantes, pero estaban muy aquí, muy conmigo. Mi fe, que es creencia y experiencia en un Dios vivo que nos acompaña contínuamente. El arte, en especial la poesía y la literatura, como ejercicios de apropiación contínua de la realidad más allá de las cosificaciones cotidianas y los manejos ideológicos de la dominación.