Realmente

Poner unas letras a la hoja como para ir reteniendo algo de la vida que pasa. La noche sucede al día. Y ahora que es de tarde y el reloj recuerda el incesante paso del tiempo, me pongo a anotar algunas cosas que he venido notando.

La luz inextinguible a que le llamo Dios Jesús Ella es real, no es sólo una creencia. El viaje que vengo realizando en busca de mí mismo a través de la poesía y la literatura, a través del color y la belleza, me viene integrando cada vez más en la totalidad de lo que existe.

Voy vivendo cada vez más el ser que soy, no lo que me había creído que era. Las cosas simples de María son las que más me importan. Repongo mi centralidad en este acatamiento a un amor que es imperativo, focal, absoluto. ¿Que si hay pérdida de libertad en la unidad? Por supuesto que sí.

Es obvio que pierdo algunas libertades y gano otras. La que gano es la que me une de manera total y esencial al universo. Esto es dependencia libertadora. Yo ya conocí esto en otros momentos de mi vida. Ahora de manera integral. Me doy cuenta que la vida no es genérica sino individual y única.

La opresión y la injusticia que prevalecen en los órdenes político, económico y social, son típicas del sistema anti-humano y desalmado que es el capitalismo. El hecho de que yo exista en este sistema me obliga a una atención permanente al amor, a lo noble, a lo bello, todo lo que esta organización malsana niega.

En algún sentido, cuanto más evidente la insanidad del orden externo, más imprescindible e inevitable la jornada interior y comunitaria en busca de la vida real, solidaria, cooperativa, propriamente deseable y buena. Este es un ámbito que sobrevive a toda opresión e injusticia. Es inviolable y perenne.

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