Presente

aconcaguaEn esos días no había escrito más que algunas frases. Unas lecturas oportunas lo habían situado en el presente. Mejor dicho, esas lecturas y lo que le estaba tocando vivir, lo traían al aquí y ahora.

Un aquí y ahora en el que el pasado constructivo y positivo estaba integrado. Está integrado. Y el presente emerge como un instante virginal, un lugar en el que todo es posible.

Esa mañana había caminado por el barrio, tratando de que el adentro y el afuera se fueran equilibrando. Todo se equilibra y desequilibra constantemente. El movimiento de la vida.

Andar por las veredas, ver a la gente que caminaba también. El cielo y los autos. Los ruidos de la calle. La panadería y la verdulería. Las cosas comunes lo traían a un lugar más centrado.

La presencia de su padre se agigantaba dentro suyo. Era como si se hubieran sumado todos los diálogos, todos los gestos, todos los momentos, todas las risas, las charlas, y por qué no decirlo, también las controversias.

Los cantos, las canciones, los chistes, las luchas compartidas. Los sueños, los poemas. Unos discos antigos. Dorival Caymmi y el Che Guevara. Los amigos y adversarios. Las utopías. Todo se reunía.

Julio Cortázar y Adalberto Barreto. La Colonia y los pic-nics a la orilla del rio Blanco. La vida desde el comienzo. Jesús, esa luz inextinguible. La Madre Cósmica. Mira y López. Ramón. Gita. Mamina. Leo y Arturo. Carol, Naty, María, Leo hijo y Rodrigo. Chogo, Alma, la abuelita Oliva. Feliciano. Leila y Bruno. Diogo. La familia entera reunida.