Pequeños días

Hay días que pueden (o inclusive talvez deban) ser subdivididos en pequenos días: días de un segundo, de un instante, de algunos momentos, de varias horas. Así no sólo el día rinde más, sino sobre todo, cada unidad de tiempo (aqui llamada de día), mantiene sus propias propiedades sin mezlarse demasiado (o sin mezclarse para nada), con otras unidades de tiempo del mismo día. Hoy, por ejemplo, el día empezó siendo un día de prepararse para ir a la reunión del grupo de los jueves. Este día duró varias horas: hora (o día) de encontrarse con los amigos y amigas, hora (o día) de irles viendo la cara a cada uno y a cada una, hora de ir sintiendo el espíritu que nos reúne, la alegría, las charlas, los chistes.

Después fue el día (en el mismo día, obviamente) de ir a buscar la radiografía a la Clinor de la Avenida Epitacio Pessoa. Hora o día de recibir la radiografia y recordar el día (otro día, no este, no, no te confundas ni me confundas) en  que te viste frente a frente con la funcionaria de la clínica que te miraba y la mirabas y veías sus ojos y te alegrabas de que fuera lindo estar viéndole los ojos mientras oías la voz de ella que te preguntaba estado civil, edad, teléfono, cosas así. Después fueron otros días, siempre en el mismo día: día de almorzar, de ver la botella de vino sobre la mesa y pensar en los cuadros que irás a poner en la pared de la sala.

Día de descansar sobre la cama, día de despertarte y otra vez ir saliendo con cierta dificultad del sueño que se te escapa del recuerdo. Día y hora de escribirle a la gente del congresso y a la família y a amigos y amigas. Día de pensar en ir a caminar por la playa y olvidarse de médicos y enfermedades y remedios y cálculos renales, que calculo que no sean reales. Pero si reales son qué le vas a hacer. Calculá cuanto habrá que calcular para calcular que los cálculos son incalculabes, y así calculando lo incalculable, te calculás y te olvidás de los cálculos.

Y ya cuando venga la noche serán otros días u horas o instantes, ya tanto da, que cuando los días se van fraccionando de a poco y por sí mismos, es divertido, pero cuando da trabajo dejas que siga la supuesta temporalidad que supuestamente te has habituado a creer, que, sin embargo, no es tan chata como pueda pareecer, pero sí que no es tan divertida como ésta otra de ir fraccionando el día en días bien pequeñitos que los podés ir viendo como bolitas de vidrio que reproducen el cielo azul con nubes a la noche, che.