Mosaicos

A veces una persona se extraña tanto de sí misma, se pierde tanto para sí misma, que no solamente ya no sabe más quién es, sino que se cree ser algo muy malo que alguien le hizo creer. Algo tan ajeno a ella, tan opuesto a lo que ella es, y sin embargo se lo creyó porque se lo empujaron cuando era niño, cuando no podía defenderse, cuando no sabía lo que le estaba ocurriendo.

Pero si te dieron vuelta, si te diste vuelta y sin saberlo te tornaste alguien extraño a vos mismo, un día podés darte cuenta y podés empezar a volver. No te digo que sea fácil, pero es posible, y está lleno de gente que vuelve. Muchas veces la enajenación fue tan grande, tan total, que creíste de verdad ser lo contrario que sos. Pero una parte tuya siempre supo, siempre sabe quién sos de verdad. Y en algún momento, en una circunstancia propicia, como que no sabiendo, empiezas a volver. Vas juntando tus pedazos, como un mosaico.

Pedazos de vidrio, de azulejos, de ladrillos, y te vas juntando, te vas formando otra vez. De pronto la vida se me figura ser mosaico. Un día, un mosaico. Te levantas de mañana y vas a caminar por la playa. Ves el sol saliendo entre las nubes. Llegando silencioso entre las nubes grises sobre el mar. Y vas andando para un lado, siguiendo el ritmo del día que comienza. Los peregrinos de la aurora, como decía Ramón. Nunca lo olvidaste, lo traes por dentro. Ahora es de noche y oyes los perros ladrando, un auto a lo lejos. Mañana el grupo formativo.