Mi lugar

Vengo a mi lugar a ver si encuentro más energía, alegría y disposición. Lo he dicho ya incontables veces, y lo repito otra vez ahora. Por ahí me pesa el pensar que debería llamarle a alguien y no lo hago. Le hablo entonces en mi corazón, como si estuviera presente (y está) y así me tranquilizo.

Esta época de disminución de encuentros presenciales ciertamente crea una sensación de falta. Falta el encuentro en vivo, cara a cara. Pero justamente por esta carencia, la competencia para agudizar los sentidos interiores surge redoblada.

La memoria se hace algo más real y palpable. Se integra en el ahora. El tiempo se compacta. Esto disminuye la sensación de aislamiento. La memoria, los recuerdos, la imaginación, la oración, la mirada interna.

Todo se reactiva y potencializa intensamente en esta situación de aislamiento social. Me integro más en lo que leo. Soy más unido a todo lo que soy. Disminuye la sensación de fragmentación. Me acepto más. Soy más amigo de mí mismo.

Las fuentes de mi fuerza se renuevan. Me perdono más facilmente. Me siento más unido a lo que me rodea: las plantas, los pájaros, los árboles, el cielo. Comprendo mejor aquello de que la poesía es un saber crepuscular.