Más y menos

El bombardeo cotidiano de informaciones sobre lo que no podemos cambiar puede generar impotencia, desesperanza, apatía.

La vida humana transcurre en el espacio de la propia persona, la familia y la comunidad. La pandemia nos obliga a quedarnos en casa. Podemos volver la mirada hacia nuestro propio interior, en vez de criticar tanto a los demás. No estoy diciendo que debamos omitirnos acerca de lo público, del espacio del estado o las instituciones, una vez que esa actitud tiene efectos dañinos sobre la vida.

Lo que creo que puede hacernos bien, es focalizar más en nosotros mismos, mirarme yo a mí mismo, quién soy, de dónde vengo, qué he hecho de mi vida, qué quiero seguir haciendo cuando la pandemia acabe, y cuales son aquellas cosas que me doy cuenta que no quiero más, no eran mías, eran implantes externos que no reconozco como propios. ¿Qué quiero para mi familia y para mi comunidad? ¿En qué quiero aplicar mi energía?

En mi caso personal, estoy valorizando más la respiración, la risa, el trabajo manual, la lectura, el estudio, la conversación clara y focalizada, la constatación de que estoy presente, y qué es lo que ocurre en el presente. El valor del placer positivo, es decir, aquél que no provoca daños. La gratuidad como un don del espíritu. Las cosas que no se compran.

Dejar de darle tanta importancia a lo genérico y tratar de ver lo singular, lo particular, lo individual, lo único, lo original. Más arte, menos información. Más cultura, más historia, más filosofía, más oración. Ahora el sol está brillando en el cielo y los pájaros cantan alrededor.