La Terapia Comunitaria Integrativa como práctica compleja

La Terapia Comunitaria Integrativa es una realidad compleja, como todo fenómeno social o, como aquí preferimos referirnos, como todo hecho social, en el sentido con que Émile Durkheim, el fundador de la sociología, se refiere a aquellas formas de pensar, sentir y actuar que se constituyen en el objeto de esta ciencia. Esta complejidad exige una intersección de puntos de vista disciplinarios, por un lado, y por otro, una visión integrada de saberes que componen la Terapia Comunitaria Integrativa.

Cuando decimos que se trata de una práctica compleja, es porque en ella se resumen o reúnen, innumerables saberes tanto populares como científicos. Y es tarea de esta publicación, iniciar un rastreamiento de esa gama de conocimientos que se amalgaman en la Terapia Comunitaria Integrativa (TCI).

Se acostumbra decir que la TCI se apoya en cinco pilares básicos: Resiliencia, Antropología Cultural, Pedagogía de Paulo Freire, Pensamiento Sistémico, y Pragmática de la comunicación humana. Estas bases teórico-prácticas son, en sí mismas, sectores del conocimiento suficientemente ricos y diversificados, como para exigir una atención cuidadosa de parte de los investigadores, tanto como de los practicantes de la TCI.

En la Terapia Comunitaria Integrativa, hay una práctica y una investigación sobre esa misma práctica. No es una técnica, aunque utiliza recursos técnicos para la realización de las ruedas.

Esta práctica compleja exige una eliminación completa de los pre-conceptos, el requisito inicial que Durkheim, el fundador de la sociología, establece como siendo el punto de partida para el conocimiento de los hechos sociales. Liberarse de los pre-conceptos es desnudarse frente a la realidad, verla como ella es, y no como dicen las ideas previas formadas sin el auxilio de la ciencia.

Esta postura de inocencia, si podemos expresarnos así, supone el rescate del niño o la niña interior, ese primer núcleo perceptivo o primer maestro interior, donde se anidan tanto la visión original del mundo, como la capacidad para vencer las batallas de la existencia.

En el proceso por el cual la persona se va transformando en terapeuta de sí misma, un proceso que se da de manera colectiva, por participación tanto en ruedas de terapia (donde van cayendo los velos de la fragmentación y del aislamiento), como en los cursos de formación en TCI y en los de Cuidando del cuidador, la persona recupera la confianza en sí misma y en los demás. Yo soy capaz, yo valgo. Frei Betto, al comentar la Pedagogia de la autonomía de Paulo Freire, se refiere a la auto-estima que las clases populares recuperan en el proceso de construcción de su autonomía. Aquí, el sujeto se vuelca hacia su propia historia de vida, re-leída sin la interferencia de las ideas cristalizadas condenatorias y culpabilizadoras, para aflorar nuevamente la posibilidad de una vida nueva, toda en sus manos, enteramente bajo su responsabilidad, y en la trama de los valores que dan sentido a su existencia personal y grupal.

Las cosas empiezan a verse de manera contextualizada. Lo que ocurre, forma parte de un todo mayor que lo contiene y le da significado.
Diferentemente de las perspectivas de abordajes terapéuticas que aislan a la persona de la red de relaciones, en la TCI, al contrario, todo comienza con el diagnóstico comunitario, y con la composición del cuadro interpretativo y factual del que formamos parte.

Muchas ideologías “de liberación,” natimortas, pregonan la recuperación de la persona humana sin contactarla, partiendo de abstracciones intelectualistas. Aqui, al contrario, el saber científico fundamenta una recuperación de la persona en que los saberes populares intervienen de forma creativa para des-enmarañar el caminar del individuo en una sociedad compleja en la cual la creatividad tiene precedencia frente a las recetas pre-establecidas, inútiles porque desprecian la realidad.

En vez de prescripciones: líneas de acción, palabras generadoras, que van oxigenando la visión de la persona acerca de quién es ella misma, lo que puede, sus capacidades y valores. En las formaciones y en los encuentros, se escuchan estos llamamientos a la autenticidad, a un re-encuentro con uno mismo, que posibilita la renovación de la vida, la recuperación del sentido de la existencia.

Toda forma de conocimiento es social. Todo conocimiento es una construcción colectiva. ¿En qué sentido o sentidos, habría alguna originalidad en afirmar que la TCI es una forma de construcción social de la realidad?

Desde Marx, por lo menos, tenemos certeza de que toda forma humana de apropiación del mundo se realiza a través de relaciones sociales determinadas, en contextos específicos que le confieren características especiales, y de modos concretos, resultantes de trabajo humano realizado en condiciones de dominación.

Tomo Marx como punto de partida, aunque toda una teoría del conocimiento y una sociología del conocimiento, hayan intentado desmerecer o ignorar sus contribuciones. Cuando digo Marx, me refiero al autor de La Ideología Alemana, La Cuestión Judía, y los Manuscritos Econômicos y Filosóficos de 1844, aunque, obviamente, como con cualquier autor, las referencias a esta o aquella obra, deban estar atravesadas por el hilo conductor que las cose y les da sentido. En el caso de Marx, este eje es la alienación, la expropiación de la noción de sujeto, de aquella parte de la humanidad que produce, a través del trabajo, los bienes necesarios a la subsistencia. Paulo Freire y Max Weber elaboran, en distintos contextos, pero con preocupaciones convergentes, esta problemática. Wright Mills y Erich Fromm, le dan contenidos específicos. Peter Berger y Thomas Luckmann, la sitúan en el punto en que nos interesa retomar este linaje, que incluye Durkheim, el fundador de la sociología.

La TCI, como toda forma de conocimiento, es una construcción colectiva. ¿Que es lo que ella tiene de particular, de específico, en cuanto forma colectiva de conocer? Hay por lo menos dos aspectos entrelazados, que aquí enfatizamos: En cuanto construcción colectiva (a) dispensa las “robinsonadas” solitarias de quien supone, individualmente, ser capaz de conocer y transformar, y (b) implica, por lo tanto, un hacer colectivo, plural, en que se mezclan formas populares y científicas de conocer.

Aún en el campo científico, y también en el popular, se mezclan saberes diversos, de origen y tradiciones también diversificadas.
Por eso podemos decir que la TCI es un conocimiento pluri-dimensional, en el cual se integra lo que las personas y comunidades construyeron como experiencia de vida, y formas científico-académicas de saber, desdobladas en disciplinas y especialidades.

En esta intersección e integración de saberes, lo que se privilegia, es el proceso de liberación, de ruptura de prisiones mentales y emocionales.

Estimados amigos

Estamos interesados en la formación en la formación en Brasil, agradecemos información de cronogramas costo sitio

Saludos

Dr Ricardo Cova
Alcaldía del municipio Acevedo estado Miranda
Venezuela

  • Estimados amigos

    Estamos en Venezuela, estamos interesados en la formación .
    Agradecemos cronograma para el 2013

    Dr. Ricardo Cova
    Alcaldía de Acevedo estado Miranda Venezuela

  • Apreciados amigos. Les expreso mi gran interés de interés de profundizar en tan interesante alternativa terapéutica.

    Por favor comentarme opciones de acceder a mayor información o posibilidades de formación.

    Quedo atento.

    Edgar Muñoz Torres
    Colombia

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