La poesía

imagesJulio Cortázar fue un defensor de la razón poética, afirmada desde el orfismo en adelante por una larga cadena de filósofos y poetas, y revalidada en nuestro tiempo por figuras tan eminentes como Martin Heidegger, José Lezama Lima, Leopoldo Marechal, Octavio Paz y María Zambrano.

No creo desacertado definirlo como un irrenunciable y profundo poeta cuya vía expresiva se ha ido apartando del canto y la palabra plena que expresan totalmente al creador, para embozarse en formas sustitutivas, aledañas, irónicas o ambiguas. Toda su obra va afirmando el desarrollo de una concepción mágica del mundo y una tensión erótico-mística que contradice o avasalla a la razón, descubriendo un modo profundo, de índole mística, de conocimiento y revelación.

Entiendo que la palabra poética, es decir, el lenguaje exigido en su plenitud semántica, sugestiva, fonética e imaginista, es la expresión que corresponde al acto de conocimiento por obra de la intuición amorosa. Por la vía de este vivir poéticamente, dice Martin Heidegger, alcanza el hombre su plena dimensión como Pastor del Ser. Sin embargo, se ha asistido también a un momento del arte que algunos han llegado a definir, desde el punto de vista del lenguaje, como la muerte del cantor (1). Una concepción antirromántica prosperó en el siglo XX reservando a lo poético el lugar de la cita, la alusión y la referencia histórica, y negando aquella vía del conocimiento profundo que afirmaron los poetas del humanismo.

La poesía tomó rumbos coloquiales, aunque no siempre se ha desprendido de aquella visión. Guillaume Apollinaire puede ser un nítido ejemplo de incorporación a la palabra poética de elementos tradicionalmente adscriptos a la visión del novelista: el modo conversacional, el humor, la crónica del acontecer cotidiano, la descripción del mundo, sin omitir una visión auténticamente poética. Otra vía adoptada por el poeta actual es el excurso narrativo –el cuento, la novela– que encubre o desarrolla ciertos nódulos específicamente poéticos.

Ésta parece ser una vía predilecta adoptada por el poeta Cortázar, quien sigue así una corriente de la narrativa contemporánea. Bajo la forma temporalizada del cuento, o la estructura de amplia organización de la novela, ofrecerá siempre los signos de una visión poética, la expresión no sintética sino comunicablemente desarrollada de una experiencia intuitiva que alterna con su comentario y reflexión. A sus cuentos, a sus novelas, son aplicables las palabras que Pierre Emmanuel adjudicó a la creación poética: “La poesía es una de las formas de la vida interior, una actividad organizada, metódica, con miras a un abrazo secreto” (2).

Nicolás Cócaro ha rescatado algunos romances para niños escritos por Cortázar alrededor de los veinte años. Cuatro de esos romances, publicados en el diario La Nación (domingo 17 de marzo de 1991), fueron editados en 1991 en una plaqueta por la Universidad Católica de Salta. Ellos son “Romance de la loquita”, “Romance del niño malo”, “Romance del niño niño”, fechado en la localidad de Bolívar en 1938; “Romance del niño salvaje”. Esta poesía transparente, atenida a moldes tradicionales, muestra una faceta de Cortázar que lo relaciona con José Martí, con Federico García Lorca: la canción, los ritmos populares y la proximidad de la infancia, que mantienen en ellos la limpieza infantil de la mirada.

(1) Paolo Chiarini, La vanguardia y la poética del realismo, Buenos Aires, La Rosa Blindada, 1964.
(2) Pierre Emmanuel, La poesía, ¿arte moribundo?, Buenos Aires, 1960.

Fuente: Graciela Maturo, Julio Cortázar: razón y revelación (Buenos Aires: Biblos, 2014)