La fragilidad de la vida

astillazosEsta tarde me vino a la memoria una frase de un poema español del siglo XIII, que dice algo así como que la vida es frágil y ya escucho los astillazos. Me gustaría decir algo sobre la fragilidad de la vida, una sensación con la cual tenemos que convivir.

No hay cómo evitar ni la fragilidad ni la incerteza, su pariente próxima. Una y otra están siempre con nosotros. Y esto nos pone en contacto con un aspecto de la realidad que no siempre tenemos presente, es la fugacidad de la vida. Pero no de la vida en general, sino de la vida de cada uno.

Son temas no demasiado agradables, nos gustaría que la vida fuera algo seguro, que durara para siempre, sobre todo cuando es feliz y buena. Pero no es así, es frágil y bella. Bella en su fragilidad, en su fugacidad.

Por eso esta tarde, cuando escribo estas cosas, me parece que oigo los astillazos. Y eso no me asusta, trato de saber que forma parte, que es algo consubstancial con la vida, su fragilidad, su incerteza. Así es bella, por eso es tan bella.

Leia ayer algo que el Padre José Comblin escribía sobre estas cosas, y recordaba la manera como él llego al final de su peregrinar en este mundo. Terminó su vida momentos antes de oficiar misa. Se fue a ese otro mudo sobre el cual nos dejó señales, vislumbres, en su libro O Caminho. Ensaio sobre o seguimento de Jesus.

Habla de la vida como una peregrinación, en la cual vamos dejando el tener, yendo hacia el ser. Me gustó. El libro está ahí, como recordándome esta fragilidad que es consubstancial con la vida, y que recuerdo esta tarde.