La antropología cultural como pilar de la Terapia Comunitaria Integrativa

¿Por qué la Antropología cultural es uno de los pilares básicos de la Terapia Comunitaria Integrativa? Porque ella nos enseña que, como seres humanos, somos formados por los valores que nos constituyen. Los valores no son algo que tenemos, sino lo que somos. Y lo que somos, es construido en el seno de las relaciones sociales en las que nos hemos ido formando a lo largo de la vida, desde nuestra familia, la escuela, los amigos, los grupos de trabajo, en fin, las redes relacionales en las cuales se fue tejiendo el ser que cada uno de nosotros es hoy. La Antropología cultural nos muestra el ser humano como una construcción valorativa. En este sentido, se puede decir que el ser humano no es, sino que se hace. Se hace en la construcción social de la realidad.

La expresión es de Berger y Luckmann, en el libro del mismo título, donde se han explicitado algunas de las principales tesis de la sociología del conocimiento. Más modernamente, Miguel Angel Ruiz, y antes de él, Carlos Castañeda, han traído, desde matrices de los pueblos originarios (indios toltecas, de México), la descripción del proceso por el cual el niño o la niña, son introducidos en un mundo del que empiezan a hacerse miembros, a partir de las nociones que les son inculcadas por los padres. En este sentido, se puede decir que la realidad es creada, y a partid del momento en que uno se torna miembro de esa descripción de la realidad, el mundo pasa a ser de la manera como aprendemos que es. Así aprendemos qué es el azul, qué es el calor, lo que es la vida, la muerte, todas las cosas. Así también, aprendemos qué soy yo, quién es esa persona que está aquí, que responde por mi nombre.

En la Terapia Comunitaria Integrativa, sea en la formación, o bien en las vivencias de Cuidando del cuidador, uno se va sumergiendo en la conciencia primigenia de la vida, en el niño que fuimos, y que de alguna manera está presente en el día de hoy, en nuestros actos, en las formas como hacemos o dejamos de hacer, en cómo pensamos y sentimos, cómo nos vemos y cómo vemos el mundo a nuestro alrededor.

Desde el punto de vista de la Antropología cultural, la persona es resultado de sus elecciones valorativas, lo que es corroborado desde otras perspectivas, como la de la sociología , el personalismo de Mounier, Paulo Freire, etc. Si la persona es una construcción valorativa, y esto es verdadero tanto en los comienzos de la vida de un individuo como también a lo largo de su vida, las redes sociales o los entornos valorativos de que formamos parte, son parte de nosotros mismos, forman parte de nosotros.

En la Terapia Comunitaria Integrativa, se aprende a ver a la persona en su contexto, evitando el preconcepto, comprendiendo. De a poco, o de golpe, vas viendo que lo que fuiste eligiendo a lo largo de tu vida, fue dando como resultado la persona que sos hoy. Y estas elecciones, si bien siempre fueron hechas por vos, no siempre lo fueron de manera consciente, lo que trajo dificultades de aceptación de vos mismo, así como de los demás, conflictos, dolor, sufrimiento.

En la medida en que la persona comienza a verse en perspectiva, y en una historia de vida en la que tuvo que elegir muchas veces presionada por circunstancias que la hicieron optar sin que se diera cuenta de lo que estaba implicado en esas elecciones, la persona deja de culpar a los demás y deja de culparse. No culpa más a sus padres, a su ex-cónyuge, a sus hijos, etc, pues percibe que lo que ocurrió fue con su participación. La co-responsabilidad. No espera tampoco que alguien la salve, que saque las castañas del fuego, como se dice popularmente, pues solamente ella misma podrá tomar su propia vida en sus manos y darle un rumbo deseado. Por esto, es claro que la terapia Comunitaria actúa como un estímulo importantísimo para la autonomía y la responsabilidad personal y colectiva, rompiendo dependencias y clientelismos esclavizantes.

La Antropología cultural ofrece matrices interpretativas que permiten comprender la inserción del individuo en la cultura . Muchas veces, la forma como participamos de la cultura, se nos transforma en una prisión, nos tornamos esclavos de los papeles sociales: nos confundimos tanto con las obligaciones a que nos obligamos, que dejamos de ser nosotros mismos para transformarnos apenas en una máquina que cumple tareas, a costas de nuestra personalidad total.