Integrándome

Volvía a casa. Estaría siempre volviendo a casa. Volver a casa es estar aquí. Volver a casa es ser yo. Volver a casa es estar donde debo estar, haciendo lo que debo hacer. No hay para mí mejor sensación que ésta de estar donde debo estar, siendo el que soy, haciendo lo que debo hacer.

A veces ando por ahí y no puedo escribir. Esto es común. Entonces me sintonizo con la lectura del mundo. Me leo en lo que ocurre, en la gente que está alrededor, en los autos que pasan, en los árboles que me rodean, las flores que veo, los ríos que bajan de la montaña, el mar, lo que esté a mi alrededor.

Me leo allí, en el mundo en el que vivo. Entonces me viene una sensación de integración, muy placentera. No importa donde esté, estoy en mí mismo. Es claro que esto no lo he conseguido yo solo, en soledad. No, no. Nada de lo que es humano se obtiene sino con la suma de esfuerzos de muchas manos.

Nada de lo que nos integra y nos hace bien, nada de lo que nos incluye en el flujo del tiempo y de la vida, deja de ser fruto de incontables esfuerzos, de nosotros mismos y de muchísimas personas en las cuales nos hemos venido espejando y nos seguimos espejando. Descubriendo pedazos de nosotros mismos en los demás.

Esto ocurre de varias maneras, no de una única forma. A veces son palabras que escuchamos en boca de alguien muy querido, alrededor. Otras veces son esas mismas palabras o sentimientos o actitudes, que se van como cosiendo alrededor nuestro, como un nido que nos envuelve y nos acuna.