Identidad

Mis palabras me preceden. Cuando esto ocurre, me siento seguro, contenido en lo que está ocurriendo. Ciertamente, esto no procede de una especie de reflexión solitaria que pretendiera anticipar lo que va a ocurrir, aunque esto también sucede.

Me refiero más bien, a un conocimiento consolidado a lo largo del tiempo en que vengo tratando de traerme en palabras y colores (a las hojas, a las telas), lo cual incluye un diálogo precioso y preciso con personas claves de mi familia, y también algunos amigos muy especiales.

Es una ardua tarea, ya que se trata sobre todo de irse abriendo paso en medio de la masa de influencias de todo tipo que sobrecargan a cada ser humano, para ir en busca del ser auténtico que cada uno de nosotros es. Entonces uno puede irse trayendo de vuelta.

Puedo irme apropiando de mi persona en su originalidad virginal. Puedo ir construyendo mi propio retrato, recuperando mi propia fisonomía, en medio de los muchos papeles que se me habían ido pegando a fuerza de tanto existir en sociedad.

Hay ranuras, rendijas, intersticios, brechas, por las cuales y en las cuales se puede ir vislumbrando la realidad tal como es para cada uno de nosotros. Creo que esto empezó a ocurrir conmigo, a partir del momento en que empecé a profundizar en el arte (escritura, lectura, pintura, dibujo) como forma de conocimiento y experiencia.

No solo practicar el arte, sino tener conciencia de qué es lo que ocurre cuando uno se sumerge en el mundo de la creatividad, de la expresión y contemplación de lo bello. Me fui dando cuenta de que había una posibilidad.

Yo podía ser. Podía vivir en ese mundo de colores y formas, belleza y originalidad, y al mismo tiempo, vivir en sociedad con todo lo que esto acarrea de enfrentamiento y concesiones. La vida me llevó a la circunstancia en la que actualmente me encuentro, en la que puedo dedicarme a esta tarea de irme teniendo de vuelta, de manera privilegiada.