Genéricamente no, individualmente sí

La vida es precisa, ocurre de una manera definida. No existe una vida genérica. Me doy cuenta de que se ha generalizado una especie de indefinición o vaguedad que va del lenguaje a las costumbres, del pensamiento a las actitudes.

Yo no vivo genéricamente o indefinidamente, sino de manera precisa. Cuando estoy con otras personas me doy cuenta de que tengo una tendencia a recibir o registrar su presencia y actitudes de una manera que no es mía. Es una manera impuesta o que tratan de imponerme.

Son las normas generales, lo que se difunde como padrones obligatorios. Las buenas maneras, la cortesía, forman parte de este conjunto. Muchas veces me veo en la necesidad y aún en la obligación de plantarme con actitudes propias que contradicen lo que tratan de imponerme.

No es que deliberadamente yo trate de oponerme o contrariar, pero es que frente a esa especie de vaga onda homogeneizadora, no puedo sino actuar defensivamente y afirmativamente. Lo individual –que es la esencia del arte tanto como de la ciencia– es a lo que quero acostumbrarme cada vez más.

Lo contrario sería irme transformando en una especie de menos yo, un medio yo. Algo como una concesión continua y permanente que iría minando mi propia existencia.