Fluyendo

Esa mañana, el canto del pájaro aún en la oscuridad, le dio la señal. Sabía que esto lo había dicho ya varias veces. No busco la originalidad, dijo para sus adentros. Busco solamente ser fiel a mí mismo. En algún sentido, las cosas se le iban haciendo más fáciles cada vez.

De tanto escribir, era como si ya su parte más grande estuviera del lado de acá, del lado de la hoja. De ese lado del mundo que allá o acá, lo contenía. Eso del fluir, se dijo, es cierto. Puedo dejarme venir. No es necesario que tenga algo específico para decir.

Basta dejarme llegar hasta aquí. Las cosas van viniendo por sí mismas. Me voy ordenando. Voy ocupando mi lugar. Me voy aclarando. Voy sabiendo más como soy, quién soy. Se va diluyendo esa sensación que todavía muchas veces me aqueja, de que estoy sin un lugar. O de que no estoy haciendo lo que debería hacer, o no del modo como debería ser.

Esto del deber ser, se dijo, es una especie de auto-tortura impuesta. Nada es como debería ser. Las cosas son como son. Y yo, como parte de esa realidad, también soy como soy y actúo como lo hago, y no como debería. Entonces se alivia el peso, inclusive también de esas jornadas a veces tan tediosas, donde me exijo no sé qué comportamientos, como si tuviera que actuar según una perfección inalcanzable.

Estoy aquí, se dijo. Y esto es bastante. No necesito amar a quien no amo. Basta respetarlo, respetarla, ¿no cierto? No necesito violentarme para hablar cuando no quiero o no tengo nada que decir, ni a sonreír como un payaso, cuando no estoy con ganas. Basta dejar que las cosas vayan yendo.

Me llaman la atención las coincidencias. Algo que observo o pienso, y una palabra que alguien dice cerca mío. Hay como que una costura fina del acontecer, que nos incluye. Ahora el canto de los pájaros nocturnos prosigue, con su ritmo tan particular.

Y el silencio de la casa alberga apenas los ruidos de la heladera y uno que otro crujido de la estufa, que alguien se apresurará en corregir, diciendo la palabra que le parece correcta. Hay algunas sensaciones o alguna sensación, en singular, que me parece que viene con la edad. Tranquilidad. La sensación de que las cosas se van ordenando por sí mismas, en buena medida.

No necesito estar empujando todo el tiempo. Más bien muchas veces es solamente dejar que las cosas vayan yendo. Esto no quiere decir que no preste atención o no intervenga, cuando es necesario. Nada es fijo. Todo va cambiando. Pero me siento mejor cuando en vez de estar todo el tiempo querendo imponer mis expectativas a lo que ocurre, me dejo estar activamente, en ese juego de remar y dejarme llevar, alternadamente. El canto del pájaro sigue, como una ondulación. Otro canto, como entrecortado, se agrega.