Espiritualidad y Terapia Comunitaria

En estos años en que vengo participando de la Terapia Comunitaria, ya sea como curioso o bien como colaborador en distintos trabajos, he tenido la oportunidad de observar que la conexión entre espiritualidad y Terapia Comunitaria es intensa y profunda.

Las ruedas de Terapia Comunitaria concluyen con rituales de integración. Son momentos de comunión con lo sagrado, de refuerzo de lazos solidarios. Son momentos en que revive la religiosidad adormecida. Las personas se abrazan, se forman ruedas, se cantan himnos religiosos, se bendicen unos a los otros, incluyendo a los ausentes. Pero no quiero referirme aquí solamente a manifestaciones explícitas de religiosidad, y sí, resaltar lo que me parece todavía más importante, que es como, a partir de la práctica de la terapia comunitaria, del redescubrimiento de sí mismo y de nuestra inserción en un todo mayor, se practican la fraternidad, el amor de unos por los otros, el amor a sí mismo, el respeto y la reverencia a la vida en sus distintas manifestaciones, en su misteriosa inextinguibilidad.

Cuando las personas aprenden a escucharse con atención y respeto, y al escuchar al otro me doy cuenta de que él y yo somos semejantes, pasamos por sufrimientos parecidos o situaciones también parecidas, surge una empatía. Yo y el otro no somos tan diferentes. Ella o él, y yo, tenemos mucho en común. Yo ayudo y soy ayudado. Las redes, la tela de araña, no son símbolos sin significado, sino realidades concretas.

Cuando, al finalizar la rueda de Terapia, nos abrazamos unos a los otros, es porque juntos descubrimos una fuerza más grande, que estaba adormecida u olvidada, como dijimos, y que revivió por algunos pocos minutos.

Cuando la Terapia Comunitaria llegó a João Pessoa en 2004, en el barrio de los Ambulantes, en el pizarrón de la sala de la Asociación de Moradores del Barrio en que se iniciaron los trabajos, estaba escrito: Juntos podemos vencer todos los problemas. No podría haber nada más significativo. El reencuentro de la fuerza colectiva, la recuperación de la fe en si y en la comunidad como actor social concreto, efectivo, en el empoderamiento de las personas y en la revitalización de sus lazos de pertenencia al tiempo y a la vida, a la sociedad y al mundo actual, es profundamente religioso, en el sentido original del término.

Algunos alumnos del Programa de Posgrado en Enfermería de la Universidade Federal da Paraíba han investigado la influencia o presencia de la fé en las ruedas de terapia en Rio Grande do Norte. Otros, han evidenciado, en entrevistas con profesionales de salud formados en Pedras de Fogo, Paraíba, la autoconciencia del renacimiento que se procesa en la persona en el proceso de formación en Terapia Comunitaria.

Más aún, en México DF, en Uruguay, y en Venezuela, he observado la confluencia de tradiciones místicas de la humanidad, entre las personas en la ENEO-UNAM, en la Facultad de Enfermería de la Universidad de la República (UDELAR), y en la Universidad de Carabobo.

El clima de alegría, la sensación de que las personas son vencedoras, el que se sientan parte de una fuerza activa de sanación, es profundamente espiritual. Personas han visto el color violeta (Uruguay), después de una sensibilización realizada, en la cual, al final, se cantó el Ave Maria. En México, un revivir de la tradición azteca y tolteca, en la visita a las pirámides de Cholula y Teotihuacán. En Venezuela, una eclosión de alegría espontánea y gratuita que se expresan en el baile y en el chiste, en el mutuo alegrarse con la compañía de los promotores de la vida, de los parteros de la esperanza.

No estamos hablando solamente –aunque también—de las formas de religiosidad explícita, pero, sobre todo, de vivencias de lo sagrado. En las Ocas do Índio en Beberibe-CE, en los encuentros de formadores o en las vivencias durante la formación como terapeutas comunitarios, hemos vivenciado en nosotros mismos y en el grupo, estas sensaciones de pertenencia, de una calma que supera la comprensión, una sensación de paz, un estado de inexpresable unidad.

Ya no importa el cargo o la profesión, el papel social de la persona o su educación (grado de instrucción), pero entre todos se crean lazos de unión duraderos, que superan el tiempo y las distancias.