Era el año de 1977

Brasil se levantaba y Argentina se hundía. Atravesando la frontera de Uruguayana llegué un ocho de diciembre, muchos llegarían de distintos modos, por esos días. El primer trabajo, la primera cerveza, el carnaval, la escuela de sociología y política en São Paulo.

Era mucha memoria. Mamá recordando, en llanto, el miedo de que mi hermano desapareciera en Buenos Aires. La llamada a tu otro hermano, que lo obligó a salir del país también. Los exilados. Veía la cara uno a uno, de todos ellos. La fiesta en la casa de la arquitecta tucumana cuyo hermano estuviera en un campo de concentración.

Campo de concentración. ¿Eso no era en Alemania? Las noticias en el diario. Nada de nombres propios. La casa de la estudiante universitaria. El padre de la AVIM. La Policía Federal. Mis hermanos y cuñadas. Mariângela. La feirinha en la Herculano de Freitas. El Piolín y la Hilacha. IUPERJ. Nada de nombres. Dom Fragoso. 1977. Puente del Inca.

La montaña. Mamá. 1977. Ocho de octubre, la jura de la bandera en el cerro de la gloria. Soldado, conmigo. ¿Juráis a la patria seguir constantemente su bandera y defenderla hasta perder la vida? ¡Sí, juro! Veías un sol en el cielo.

Las escalinatas hasta el cóndor de bronce subían como queriendo llegar más allá. Años después vendrías con María, con tu viejo maestro sabio, tus chicos, Leo. Cuánto tiempo había pasado! Pasaba y no pasaba. Ese día, como todos os días, se levantó temprano y respiró hondo. Llove Sintió el aire fresco entrarle en los pulmones. ¡Sí, juro!

Cuando me fui a vivir a São Paulo con uno de mis hermanos, en un departamentito, una kitchinette, en la calle Herculano de Freitas, cerca de la Praça 14 Bis, próximo de la Avenida 9 de julho, me pareció extraño, una avenida 9 de julho en São Paulo, Brasil, ya que esta es una calle de Buenos Aires, en recordación de la independencia argentina y estábamos en Brasil, 1977.

Llegar a ese lugar, donde se subía por una escalera estrecha, todo era estrecho. Fue el mejor lugar donde podría haber ido en aquellos años. Mi otro hermano vivía en Niteroi con mi otra cuñada, y yo estaba allí, de “mala y cuia”, como se dice aquí, en el kitchinette del primero.Miraba para abajo y veía árboles inmensos. Todo era inmenso, diferente.

La lengua que la gente hablaba, no entendía mucho, pero me gustaba la musiquita, el jeito con que las personas se comunicaban. Me acuerdo una vez que fui a un supermercado con mi mamá. Yo casi no conocía lo que era un supermercado. En Mendoza había el Persian, al que fui una vez a ver la escalera mecánica que habían inaugurado.

Esto era por los años 60, antes de la facultad. Antes de tantas cosas.¡Cómo pasó el tiempo! Ahora oigo el ruido del vecino que ignora sus vecinos, ya que tiene un taller mecánico en plena área residencial. Paró. Menos mal.

Me recuerdo que he vivido en barrios pobres o de clase media, en barrios de clase más elevada. En la calle Clark, en el Carril Sarmiento, en los distintos muquifos por donde peregriné desde que salí del departamento hasta llegar a esta casa donde los ómnibus pasan y el mecánico hace ruido y el olor a solvente.

Lugares en Río de Janeiro, calle Siqueira Campos. Lugares en la plaza Marechal Deodoro, con tiros a la noche y marginales, lugar en la Fradique Coutinho, con aquellas malandras que te pusieron en la calle. Lugares en Ceará, Fortaleza, Caucaia, Cumbuco. João Pessoa, São Paulo, Rio de Janeiro, Fortaleza, Buenos Aires, Godoy Cruz. Córdoba, Chile, Chilecito, los nombres se mezclaban. Santiago de Compostela, Madrid, Marbella, Magallanes.