El valor de la vida

La existencia social ya es en sí misma inestable, precaria, difícil. Enfrentamientos, conflictos de intereses, diferencias que son vividas como insoportables.

Si este cuadro que ya de por sí es delicado, se ve agravado por la incentivación deliberada de los conflictos, el odio y los prejuicios, queda solamente una situación prácticamente sin futuro.

No solamente en Brasil, sino en otros países de América Latina y del resto del mundo, la siembra del odio y la exacerbación de los enfrentamientos intrasociales, exhiben un panorama extremamente preocupante.

Tanto las Naciones Unidas como el Papa Francisco, para citar dos instancias mundiales involucradas en iniciativas de justicia, paz y respeto a los Derechos Humanos, vienen realizando esfuerzos en el sentido de promover y garantizar una convivencia humana mínima.

Como humanidad, estamos siendo desafiados/as a resignificar el sentido de la vida. Revalorizar el sentido de ser humanos. ¿Qué sentido tiene estar vivos(as)? ¿Qué valor tiene que una persona se despierte y tenga un día por delante?

No podemos aceptar que se banalice la vida, transformándola en mercadería, en insumo, en algo descartable. Es imprescindible que todas las personas despertemos para la conciencia de que la vida debe ser defendida como un bien superior al lucro, al poder, al prestigio.