El tiempo para crear

El tiempo para crear no es arbitrario. Vengo componiendo un libro sobre literatura, poesía y arte (pintura, dibujo). Pero los textos o los cuadros, los colores, si bien están conmigo constantemente, no vienen al papel o a la tela en cualquier momento.

En realidad vienen a todo momento, pero con cualidades y modos diferentes. Hay escritos que son meramente registros de lo ocurrido, anotaciones de lo que vi o viví, donde estuve, con quién, qué hice, etc.

No tienen un encanto especial, algo que llame la atención especialmente. Pero no dejo de producirlos, una vez que cada ejercicio es un acercamiento y un adentrarme en la dimensión mayor de la existencia.

Lo bello, lo eterno, el amor, la armonía, eso que el arte capta y mantiene en evidencia. Del mismo modo, hay cuadros que son esbozos, ensayos, intentos, aproximaciones, a algo que siento o veo o quiero. Les falta lo que los podría transformar en cuadros propiamente dichos.

Pero son completos en el sentido de que son concretizaciones de un movimiento, salidas iniciales en dirección a algo que busco o que ya tengo, y que en otro momento podrá ir adelante un poco más. La concretización del libro exige una disciplina que en este momento no quiero imponerme, o talvez no pueda ni deba.

Sé que debería dedicarme más y de manera sistemática, si quiero verlo publicado, pero entre una cosa y otra está conmigo y yo con él y en él. Lo mismo me pasa con los cuadros y con los colores.

Salgo de mañana a ver las flores y el cielo, el sol, la poesía del día que comienza. Estas vivencias inciales y parciales son para mí atisbos de totalidad, y a veces son la totalidad misma. Trato de mantener un ritmo ininterrupto de presencia e integración en el arte, que es mi manera de sobrevivir.