El saber de la experiencia

downloadHay unas palabras de Adalberto Barreto que recuerdo con frecuencia.

Son las siguientes: “Generalmente atribuímos nuestras competencias a libros que leímos, a cursos que hicimos, y jamás a algo que vivenciamos. ¿Cómo nos podríamos empoderar si dejamos de lado el saber producido en el contexto familiar, en la escuela de la vida? Seremos meras marionetas, colonizados, y, por lo tanto, alienados de nuestro potencial creador. Sólo nos empoderamos, cuando comprendemos y aceptamos ser sujeto activo, aprender con nuestra propia historia.” (Terapia Comunitaria paso a paso, Fortaleza: LCR, 2008, p. 102).

Estas palabras tienen una fuerza muy grande. Una fuerza libertadora. En estos últimos tiempos, vengo experimentando mi coexistir en la red de la Terapia Comunitaria Integrativa, como un vivir en un ambiente verdaderamente acogedor. Un ambiente familiar. Las palabras de Adalberto Barreto que acabo de citar, tienen una fuerza de acogimiento. Una fuerza de valorización de la propia experiencia.

¿Por qué la Terapia Comunitaria Integrativa se presenta como un espacio de liberación? Porque allí la persona no es interpretada ni juzgada. Nadie la descalifica en nombre de un encuadramiento en algún otro saber supuestamente superior al de la propia persona. La persona es puesta frente a frente con ella misma, con su niño interior, su primer maestro, que la condujo victoriosamente a lo largo de todas las experiencias de la vida.

En este contexto, nadie es llevado a tener que abdicar de sí mismo o de sí misma, para tener que creer en las verdades de otro. En un ambiente colectivo acogedor, comunitario, en el cual vos te reflejás y te sentís integrado, tu propia historia de vida y las historias de vida de las demás personas, forman como un tejido, un nido, un ambiente acogedor. Vos podés verte como un triunfador o una triunfadora, alguien que tuvo y tiene recursos propios capaces de conducirlo a la victoria en cualquier circunstancia.

La fuente de la fuerza está en la propia persona. Ella es puesta a mirar hacia su interior y hacia su caminar existencial, para tener plena conciencia de esto. Por eso, porque cada vez me siento más parte de esta familia que es la Terapia Comunitaria Integrativa, es que cada vez más siento una especie de tranquilidad muy grande. Una certeza muy antigua, oriunda de mis primeros años de vida. Ese ser niño que está aquí, vivo, activo, conduciéndome en medio de lo cotidiano, hacia mucha paz y justicia, felicidad y plenitud.