Creando

fotoEsta tarde tuve nuevamente la sensación de que cada vez más voy viviendo en un mundo que yo mismo he venido haciendo. Un mundo que yo mismo he venido construyendo. Un mundo que hago con mis manos, con mi sentimiento, con mis pasos. Un mundo al que pertenezco y al que pertenece todo lo que existe.

Sé que esta inclusión mía en la totalidad de lo que existe, se ha venido procesando sobre todo por el camino de la literatura. Los libros de cuentos que mi madre nos leía cuando éramos chicos. Las poesías que mi padre recitaba.

Así me fui introduciendo en un espacio habitable, a salvo de la enajenación y el extrañamiento, a salvo de todas las formas de destrucción. Un espacio pariente de la oración, de la conversación espontánea con Dios, con la naturaleza, con la belleza, con los amigos y amigas, con la familia.

Es el diálogo lo que nos reúne. Este diálogo se procesa de varias maneras. Una de ellas es, como dije, leyendo y escribiendo: la poesía y la literatura. Así se han ido diluyendo las fronteras que me separaban del todo.

La imaginación, la creación artística, la mano que pinta y dibuja, que escribe, tienen hoy el poder que en mí tuvo ayer la canción. Ayer cantaba para vivir. Cantaba porque en la canción estaba el alma del mundo, allí me encontraba conmigo mismo y con mis sueños. Hoy respiro, encuentro el soplo de la vida, escribiendo y dibujando, pintando, que son otras formas de pulsar con el universo.