Construyéndome

cadernoMuchas veces me pongo a escribir no por tener algo en particular para compartir, sino única y exclusivamente para experimentar ese placer sin igual que siento al hacerlo. Escribir se ha ido haciendo para mí una especie de necesidad vital.

Una manera de registrar la vida, lo que ocurre adentro y afuera de mí, sin la cual algo me falta. Algo muy precioso. Una sensación de estar donde debo estar. La sensación sin igual de estar haciendo lo que tengo que hacer. Cuando escribo todo está como debería ser. Todo es como debe ser. Esto lo he dicho ya muchas veces, y lo seguiré diciendo.

Esta mañana, cuando estaba sentado en un cantero de la Peatonal Sarmiento, en el centro de Mendoza, me di cuenta de que gracias a esta actividad continuada del escribir, cada vez más voy siendo yo mismo. Mis pensamientos, mi estar en el mundo, son cada vez más de mi manera propia, particular.

El estar en el mundo, el estar vivo, van siendo cada vez más a mi modo único y singular. Creo que esto es lo que estuve buscando toda mi vida, desde que me descubrí gente. El mundo en el que vivo es cada vez más mi propio mundo, un mundo que fui haciendo y sigo haciendo, seguiré haciendo con mis propias manos, al escribir.

Escribiendo me voy modelando y me voy dejando ir por las veredas del tiempo.