Construyendo

Esta mañana me dí cuenta de que el día se va formando como una pared, ladrillo a ladrillo, piedra sobre piedra.Todo es como debe ser. Cuando me di cuenta de esto, supe que todo está bien. Todo está siempre bien. Había dos conejitos blancos en un corralito de la posada.

Me quedé un rato mirándolos. Viendo sus gestos, sus movimientos, sintiendo su presencia. Pensé si habría algo de vanidad o de exhibicionismo en esto de compartir diariamente las vivencias, lo experimentado. Creo que no. Más bien al contrario, en este encuentro diario con la hoja compartida, siento que algo se va igualando.

Algo va ocupando su lugar. Y en un diálogo con personas queridas que aquí convergen, alguna distancia se va desvaneciendo.Una separación va dejando de existir. Esto lo he dicho ya muchas veces, pero no hay ningún problema con las repeticiones.

La escritura ha venido haciendo por mí cosas muy valiosas. Un encuentro más profundo y más personalizado conmigo mismo. Una disolución de lo genérico, que nunca es nuestro, nunca es mío (no podría ser ni nuestro ni mío), y un venir cada vez más al lugar que cada uno de nosotros es.

El lugar que soy yo. Desde aquí me he encontrado y me sigo encontrando con un mundo que es cada vez menos distante y extraño. Cada vez más el mundo va siendo algo que voy contruyendo con mis manos, diariamente, ladrillo a ladrillo, piedra sobre piedra.