Comentando

manosLa vida nos deja algunos recados, algunas marcas. Creo que a mí, particularmente, me toca mucho lo de vivir como un don divino, lo de vivir como algo muy precioso, lo de vivir como una oportunidad única, invalorable.

No sé lo que hay después de la muerte, ni tengo apuro en averiguarlo. Me llama la atención, muy poderosamente, lo que hay del lado de acá, lo que es ser un ser humano, en medio de un mundo que muchas veces asusta y repele. Otras veces a uno lo eleva y sublimiza.

Ya a esta altura de la vida uno ha visto tantas recetas, venga por aquí, haga así, vaya para allá, crea en esto, haga lo otro. No hay recetas, no para vivir, al menos. Hay tentativas, sí, con certeza, y debe haberlas, para que uno no se transforme en una especie de robot o de burro de carga, que sigue ciegamente un programa.

No deja de llamarme la atención, y no sé muy bien cómo encarar el tema para que no parezca presunción de mi parte, el clima enrarecido de los días de hoy. Aparentemente, el mejor de los mundos, pero por todas partes, el espectáculo de una humanidad desangrándose desde la infancia hasta la vejez, por falta de amor, de cuidado, de asistencia.

No se trata de volver al pasado, pero sí de nutrirse de los errores y hallazgos, de las victorias y soluciones que todo problema trae consigo. Alguien podrá preguntase adónde apuntan estas reflexiones. Yo diría que a la inocencia, a la infancia, a ese algo que dormita en cada ser humano, que es la capacidad de encarar la vida como algo nuevo, no importa a qué edad esto ocurra.

Admitir que muchas veces no saber, puede ser el mejor camino. Admitir que nuestro conocimiento es precario, que siempre necesitamos sumar con las perspectivas contrarias, por más difícil que esto sea. Para ver mejor, para no ser unilaterales, para poder tratar de ver la vida como algo complejo, y vivir en esa complejidad con libertad y confianza, lejos de reduccionismos intolerantes y fundamentalismos, no importa de qué color sean.

Las redes son apoyos, y conectan.