Centralmente

“Es necesario tener un lugar adonde ir,” dice el I Ching-El libro de las mutaciones.

“Allí donde esté vuestro tesoro, estará también vuestro corazón,” leemos en el Evangelio.

Somos seres espaciales, seres materiales.

El sentimiento, el deseo, la imaginación, la voluntad, la intención, las decisiones, son otros tantos componentes de nuestro ser.

A lo largo del día, a través de las distintas situaciones que pasamos, toda esta complejidad que somos se organiza y da por resultado estados de ánimo, actos, relaciones, obras.

En la medida en que vivo en el centro de mi ser, de acuerdo con mi naturaleza propia, experimento sentimentos de paz y quietud.

En mi caso personal, los colores tienen un papel central: ellos concentran y reflejan mi ser.

Me equilibro visualizando flores coloridas que veo a mi alrededor.

Amarillo, violeta rosado, blanco, me van orientando.

Es el amor y la confianza, la paz, la quietud.

Como vivo centrado en el arte, esta dirección me devuelve constantemente satisfacción, ya que voy haciéndome a mí mismo.

No hay así, ya prácticamente, estados disociados, ya que cada pequeña cosa, cada acto, forma parte de la totalidad de mi obra.

La obra y yo somos una sola cosa.