Caminando

caminoEl Padre José Comblin decía que el mensaje de Jesus es simple, pero que esa simplicidad está para nosotros como la ciudad en la cumbre del monte. Hoy me vino com fuerza una sensación de Jesús, cuando dice que allí donde esté nuestro tesoro, estará nuestro corazón.

Uno puede creer que llegó a algún lugar en la vida, porque adquirió algún título, o bienes materiales, una posición social. Pero en realidad podemos apenas habernos apartado de nuestras raíces. Y no se vive sin raíces.

Hay una parte nuestra que permanece niña. Esa parte nuestra no sabe de conquistas materiales ni de apariencias. Sólo se contenta con el amor. Sólo quiere amor. Sólo es amor. Amor y nada más.

Esta mañana salí a hacer algunas diligencias por el barrio. En un momento, me quedé en la duda de si seguía por la calle por donde venía, o si iría por la avenida principal. Algo me decía que viniera por la avenida por donde tantas veces he caminado.

Y ¿que era lo que hacía que quisiera venir por esa avenida ya tantas veces transitada? Los recuerdos. Esa avenida está llena de recuerdos. Buenos recuerdos. El laboratorio donde tantas veces me hice análisis de sangre. La casa de cuadros. La casa de material de dibujo y pintura. La farmacia. La costurera más adelante, hasta llegar a la otra avenida donde iba a hacer algunas compras y averiguaciones.

Me di cuenta de que los recuerdos no son sólo memoria, son sentimiento también. Iba por un lugar poblado de sentimiento, de afecto. A la tarde fui a la Universidad a buscar a mi esposa. Encontré las alumnas que me recibieron con alegría, abrazos, risas. Afecto. Algo dentro de mí se ha venido ubicando. Y hoy en especial parece estar donde debe estar, en el lugar justo. Una sensación de libertad y paz.