Arte

He escrito bastante sobre la literatura y la poesía y sobre la pintura y el dibujo. El bien que me hace el arte. Cada vez que me sumerjo en la lectura de un libro, se renueva mi sorpresa.

Estaba leyendo un libro de Somerset Maugham (O fio da Navalha) y me di cuenta de que mi placer mayor estaba siendo el saborear el arte del escritor, su capacidad para captar mi atención .

Su habilidad en expresarse minuciosamente, pormenorizadamente, acerca de por qué estaba escribiendo como lo hacía, y quién era el personaje principal de la novela.

Me fascina que el arte tenga ese poder de incluirme en una realidad que fue creada por otra persona y que, sin embargo, es también mía en el momento en que la disfruto.

El arte borra fronteras. La sociedad en que vivimos crea formas de separación, distanciamiento y alienación.

El arte viene en sentido contrario, recomponiendo una unidad mínima y esencial, por la cual y en la cual lo humano se rehace de manera simple, real y concreta.

Por eso prefiero el arte a las ideologías, no importa cuáles sean. Mientras éstas nos roban la capacidad de percibir el mundo y crear un lugar propio y una vida singular, el arte al contrario, en su simplicidad nos instala en la dimensión más sutil y perenne de la realidad.

Las ideologías nos dan la ilusión de que al profesarlas, estamos haciendo algo bueno y justo, siendo que no hemos hecho nada.

Alguien pensó o piensa por nosotros, nos obliga a actuar de ciertas maneras, nos roba la atención, la percepción, la sensibilidad, el pensamiento y la conciencia, y todavía creemos que hemos hecho algo bueno. Es una aberración.