Argentina procesa su pasado

Hay cosas sobre las cuales uno no querría nunca tener que escribir, porque nunca hubieran acontecido. Pero ocurrieron, y quedaron los recuerdos. Malos recuerdos, sin duda. La traición y la impunidad siempre han de doler, a la gente de bien.

Cuando esa traición vino desde el estado, desde las Fuerzas Armadas, desde la Iglesia Católica argentina, como ocurrió durante la dictadura cívico-militar de 1976-1983, no hay cómo no decir que duele mucho.

No sólo desde las posiciones de poder se perpetró el golpe tricionero de la institucionalidad contra la gente. Jueces venales, periodistas vendidos, vecinos y colegas delatores. La podredumbre se enseñoreó y se ensañó con mi pueblo, con mi gente. Pero el tempo pasa. Siempre pasa el tempo. Y la historia da vueltas.

Ayer eran dueños de la vida y de la muerte. Hoy se esconden atrás de lo que pueden usar para esconderse. Mentiras, calumnias, lo que puedan usar para encubrir los crímenes de lesa humanidad que cometieron contando con la impunidad. No hay prescripción para los crímenes que cometieron contra um pueblo desarmado.

La mentiras que usaron para tratar de encubrir lo incalificable, no convencen a nadie. Hoy se acusan unos a los otros, tratando de escapar del justo castigo que merecen por las aberraciones que cometieron. La Argentina, al menos una parte de la población argentina, está saliendo del estado de letargo en que quedó después del genocídio.

La gente le está perdendo el miedo al arbitrio y a la prepotencia gubernamental, a la soberbia de los poderosos. Se están atreviendo nuevamente a decir que no quieren más atropello a las libertades individuales ni al derecho de decidir por sí mismos. Un país no es un partido, un país no es na iglesia. Un país no es una empresa, donde los subordinados y las subordinadas deben atenerse a los caprichos del jefe o de la jefa.

La gente está otra vez queriéndose a sí misma, otra vez respetando su derecho de decidir, y eso es muy saludable, y verdaderamente digno de elogio. En este contexto, cabe apoyar en todo y por todo, las declaraciones del grupo de Curas en la Opción por los pobres, que manifestó días atrás su posición frente al mensaje de la Conferencia Episcopal Argentina, en que ésta trata de descalificar las acusaciones de complicidad de la Iglesia Católica argentina con el genocídio.

Como cristiano, como ciudadano, como ser humano, manifiesto mi más enérgico repudio a toda complicidad de quien sea, con el genocidio que enlutó a mi gente. No hay argumentos a favor de la barbarie. Solamente el juicio y el castigo a los culpables, a todas las personas, instituciones, empresas, etc, que se asociaron para perpetrar el crimen más hediondo de toda la historia argentina, podrá poner nuestro país de nuevo en dirección hacia el futuro.