Alegría de vivir

Como tantas otras veces, esa tarde se ponía frente a la hoja y dejaba que las letras fueran bajando despacito. Fueran llegando, ocupando sus lugares. Cuando empezaba a ver las primeras en la hoja, se alegraba en su corazón. Era como si volviera en el tiempo, los primeros cuadernos, los primeros dibujos. El tiempo primero. Verdaderamente existe en nosotros un lugar de permanente felicidad. Cuando somos niños, todo nos alegra. Todas las cosas son una fuente de alegría. Mirar una araña te alegra, o un racimo de uva en la parra, o las flores en las macetas del patio, o las hormigas yendo en fila de aquí para allá. Uno está contento y no se pregunta por qué. Está contento, punto. Después tenés que empezar a darle explicaciones a la gente sobre por qué te reís. Se creen que te reís de ellos. Te reís porque estás feliz, porque sos feliz. Muchos años han pasado, pero esa alegría está en vos, está dentro de tí. No necesitás algún motivo en particular para estar feliz. Basta estar vivo.