Ahora esto

tciHay circunstancias de la vida que nos llaman para un vivir integrado. Un vivir el instante como algo único y nuevo, y así recuperar la sensación de la vida como una totalidad, una posibilidad abierta en todas las direcciones. Ser niños o niñas otra vez. Ser capaces de superar las barreras de un pasado que puede habérsenos pegado a la piel, a los ojos, al corazón. Descongelar la palabra. Recuperarnos como palabra viva. Romper la prisión de la inercia que vuelve gris todo o que toca. Hoy encuentro varias inciativas que apuntan en la dirección que este movimiento libertador convoca: la búsqueda de un vivir poético-literario, la Terapia Comunitaria Integrativa, y el Evangelio de Jesús Cristo.

Podrían decirse varias cosas sobre cada una de estas veredas que son convergentes en la búsqueda de ese vivir nuevo. La mirada poética y literaria nos devuelve la visión y la experiencia de la vida cotidiana como algo rico y diverso, pleno de significados y matices. Rescatado por lo tanto, de la falsa objetividad creada por el intelectualismo racionalista, de la rutina que disuelve lo singular, y de la falsa visión del mundo que derraman los medios de comunicación, entre otros factores (Julio Cortázar, La vuelta al día en 80 mundos).

La Terapia Comunitaria Integrativa nos convoca para una vida unificada, un hoy, un presente, plenos. ¿Por qué plenos? Porque paso a verme y a experimentarme como un yo que vive integrado em redes relacionales solidarias, un yo que es comunitario, un yo que tiene un pasado que se fue transformando y se sigue transformando constantemente en un presente superador de las prisones de la culpa, el prejuicio, el miedo, la reacción automática.

La Terapia Comunitaria Integrativa nos llama a un vivir 24 horas por día en pleno contacto con nuestro ser más profundo. Ya no me veo realizando actos disociados que apuntan en direcciones contrarias, y esto no porque me imponga una rígida disciplina controladora, sino porque cada acto mío emana de mi unidad conmigo mismo, que me va haciendo cada vez más alguien que es simplemente el ser que es, y no varios seres en disputa.

Y el Evangelio de Jesús Cristo, porque en su simplicidad, apartado de su identificación con cualquier institución o doctrina, es un pan de vida que nos puede alimentar diariamente.