¿Qué realidad?

Hay unos días en que te levantas y es como si te hubieras quedado en algún lugar del lado de los sueños, o en mundos imaginarios que no consigues evocar con precisión. Tratas de ir creando alguna sensación con el lado de acá, como si poniendo letras y formando palabras y frases, fueras capaz de ir dándole alguna forma a esto que está aquí, a este estar aquí esta mañana. Sabes que son intentos precarios. Todo parece precario esta mañana, como impregnado de alguna fragilidad indefinible, una como que irrealidad imposible de ser definida adecuadamente. La realidad es extraña, y ahora, en este mismo instante en que escribes estas cosas, es como si alguna punta de este mundo, una del lado de allá y otra del lado de acá, empezaran a juntarse, empezaran a querer coser juntas algo en común esta mañana.

Los recuerdos de ayer, el fuerte Santa Catarina, aquella pared de piedra bajando, sombreada, hacia el suelo, mientras el sol escaldante de la mañana de ayer, mientras las paredes amuralladas y los cañones, como que evocaran otros tiempos en ti, tiempos que no sabes cómo situar o que lugar tienen en tu memoria o en la memoria de la ciudad. Hoy esa muralla bajando hacia el suelo, con plantas creciendo en las grietas, los cañones apuntando a algún lugar a lo lejos, la ciudad con sus sones de día feriado, todo como que llamándote a un tiempo pretérito o aún por venir, o un tiempo en que el tiempo hubiera refluido sobre sí mismo, el tiempo de esta mañana. Ya vas dejando las teclas, el mágico ritual de ir construyendo hilos de unidad entre las partes que forman el todo.

Los sonidos del día de hoy, el recuerdo de ella saliendo a la Universidad en el auto, su rostro, todos sus rostros desde el día que la conociste, sus manos, su modo de ser, ya tan entrañado en el tuyo que parecen ser un solo ser. ¿Y no son? O ¿qué es el amor? ¿No es acaso esta dilución de fronteras, este no saber dónde está el límite tuyo y dónde el de ella, donde termina uno y comienza la otra? ¿Dónde empieza João Pessoa y dónde termina Mendoza? Dónde del dónde. Recuerdas el largo poema de Julio Cortázar, y te preguntas, como tantas veces te has preguntado, dónde va la gente cuando muere. Qué es esto que está aquí, tú y todo esto que te rodea, los sonidos de la construcción vecina, los ladridos del perro de al lado, los recuerdos de ayer en la Cidade Verde, todo esto que está aquí. Aquí pero dónde. Aquí.

Parece que algo hubiera quedado inconcluso, pero qué es lo que está concluido, si todo es un ir tejiéndose y destejiéndose tú y todo lo que te rodea. Ya no sabes más qué letra dejar caer, qué palabra ver dibujar delante de ti, en este renglón que parece ir adentrándose del lado de allá de la hoja, una hoja que empieza a querer volar como buscando un lugar en otro lugar, lejos de aquí, o aquí mismo, no lo sabes. Y quién sabe alguna cosa, a no ser nada saber. Quién sabe. Quien sabe calla y quien no sabe habla, dice un libro antiguo. Entonces, dejas la hoja volar.