Volvió el camino

El año de 2002, yendo a la montaña con María, volvió el camino.
Sentí esa frase y se lo dije. Era para mí, pero se lo dije. Seguimos en ómnibus hasta donde bajamos, cerca de Las Vegas, y esperamos bajo un sauce, que nos dieran carona.

Era eso. Volver a confiar, volver a creer que podías pararte al lado del camino que alguien pararía para llevarte adonde ibas. No dio otra. Paró un tipo en una camioneta, que nos llevó adonde íbamos.

En el viaje, el señor, que era una persona de alguna edad, talvez cincuenta años, nos contó que en la Argentina el mal eran los políticos, y que los iban a sacar a todos. Era una sensación de certeza, de triunfo.

De mi parte, era el volver a algo que fuera mío en mi juventud, y que ahora estaba allí de vuelta, había vuelto a ser mío, volvía a ser mío. Hoy han pasado siete años desde aquél día, y el camino ha vuelto, yo he vuelto, todo es como fuera antes, como siempre fue, como debe siempre ser, en mi corazón y en mí, en mi vida, aquí y ahora, en esto.

Una persona no puede distorsionarse indefinidamente, un día vuelve. Ahora con la terapia comunitaria, sé que estoy haciendo lo que debo hacer, del modo como debo hacerlo, y con quienes debe ser hecho. No hay sensación que se compare a esto.

Esta mañana caminaba por la playa y veía el sol naciendo atrás de las nubes en el horizonte. Era una alegría tan mía, tan vieja, tan buena. Uno no puede ser otro que el que es.

Nadie puede ser como los demás quieren que sea, aunque la presión para que así sea, es constante, y la lucha del individuo para mantenerse entero, también sea constante, y así debe ser, so pena de perecer, de doblarte, de dejar de ser quien sos.