Volviendo a casa

Esta mañana me di cuenta, en el aeropuerto de Salvador, que yo no había estado allí antes. Yo no había tomado antes el avión en el cual estaba por embarcar. Yo no había estado otro día 12 de febrero de 2016 allí, en ese lugar.

Por lo tanto, todo eso era nuevo. Ya otras veces me ha estado pasando esto de estar aquí, como algo nuevo. Es algo nuevo, realmente. Los momentos son siempre nuevos, no los hemos vivido antes. Sin embargo, hay una tendencia de la mente, que nos puede hacer pensar que esto que estamos viviendo, ya lo hemos vivido. Eso es una ilusión. Yo puedo optar por la realidad, que es siempre nueva, o por el pasado, que insiste en infiltrarse en el presente, intentando substituírlo.

Estos días pasados, he estado en varios lugares de Bahía que no conocía. Gente acogedora, de la familia. Por todas partes, en los caminos, los coqueros. Las palmeras, como una especie de eternidad que nos incluye. Ríos, riachos, lagunas. Playas. Lugares interiores a los cuales vuelvo y vuelvo insistentemente. Mi familia, mis amigos. La vida que he vivido hasta ahora, y este florecer, este instante sin tiempo, que muchas veces lo recibo como una especie de premio. Un regalo.

No dejan de molestarme la injusticia, la explotación, las guerras, la violencia en todas sus formas. El engranaje ideológico que insiste en robarnos la vida y la autonomía, para vendernos una vida falsa, ajena. Trato de centrarme en el presente. Un presente que se me figura como un estado de gracia, infantil, inocente. Entonces todo converge. Los dolores del pasado, que hoy se me muestran como indisociables de esa serenidad y paz, esa alegría tranquila que muchas veces está aquí conmigo.

La insistencia en ser quien soy, siguiendo mi propio camino, ahora y siempre. Sabiéndome parte de un tejido de amor que se extiende por muchas partes de Brasil y de otros países de América Latina. Algo que une a la gente de bien. Gente que ni sabe que hace el bien, pues le es connatural. Andar en la contramano de lo que el sistema capitalista propone. Seguir insistiendo en lo eterno aquí y ahora. Plantando, sembrando y cosechando amor, belleza, justicia. Construyendo sueños personales y colectivos. Como ayer. Como siempre.

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