Volviendo

2014-05-08 16.39.22Hacía tiempo que no me sucedía: estar feliz simplemente por el hecho de estar aquí. Y ser esto algo tan sencillo como lo dice la expresión “estar aquí”. Estar aquí no significa, en este contexto y en este momento, meramente que mi cuerpo está en un determinado lugar, haciendo ciertas cosas, pensando de una determinada manera, etc. Trato de adentrarme en la sensación exacta, dada la novedad de la misma. Siento que es necesario que me apropie de ella antes de que se pueda llegar a ir.

Antiguamente, o comúnmente, me sentía feliz porque estaba haciendo algo, o pensando de cierta manera o sintiendo ciertas cosas. Ahora no, ahora es diferente. Estoy feliz porque estoy aquí. Y estar aquí significa para mí, estar en mí mismo, ser yo mismo. Esta es una sensación que se ha venido acentuando en estos últimos años, desde que me empecé a integrar a la Terapia Comunitaria Integrativa y en ella. Empecé a dejar de tener una sensación de extrañamiento y disociación a la que me había venido acostumbrando a lo largo del tiempo.

Desde que empecé a participar de rondas de TCI en João Pessoa, en 2004, y a partir de entonces en cursos de formación –y encuentros de formadores– en TCI en Brasil (Paraíba, Mato Grosso), Uruguay y Argentina, cada vez más fui teniendo la sensación de que estaba volviendo a mí. Volviendo a ser yo mismo. Sé que esto tiene que ver con el hecho de que en estos encuentros, fui y sigo procesando el hecho de que estoy vivo después de la atroz matanza perpetrada en Argentina por la dictadura de Videla.

Desde la primer ronda de TCI de la cual participé en el barrio de los Ambulantes, en João Pessoa, fui recuperando partes de mí que habían quedado afuera desde el momento en que se dio el golpe de estado de 1976, y perdí mi condición de estudiante de sociología, en medio de un cuadro de miedo generalizado y especificado cuyas secuelas, sin que me diera demasiado cuenta, se perpetuaron por largo tiempo. En la medida en que fui integrándome a la convivencia con personas que también habían pasado por grandes pérdidas, y sin embargo estaban alegres y con esperanza, me fui permitiendo también, ir volviendo.

Este proceso continúa. No creo que haya terminado, pues cada vez me llegan sensaciones nuevas. Algo que había creído que se había perdido para siempre, está intacto, y me permitiría decir, aún más nuevo. Renovado. Es la sensación de que la vida es indestructible. Nada puede romper definitivamente eso intangible que es el vivir. Pueden darse serios golpes a la inocencia y a la fe simple que todos tenemos o tuvimos en algún momento, pero la planta vuelve a crecer. La vida vuelve una y otra vez.

Por eso es que ahora, en este justo momento, siento lo que siento: la alegría de estar aquí. Y estar aquí, es como estar en un lugar intocado. Tan bello que nada lo puede destruir. Es mi propio ser. Es la persona que soy. Es el estar otra vez en el seno de una familia con la cual y en la cual he ido creciendo. Sé que esto tiene que ver con el hecho de que he venido pasando tiempos más largos en Argentina, en diferentes localidades. Allí he ido encontrando personas con las cuales se han ido creando afectos.

He encontrado en muchas de estas personas, ecos de quien fui y sigo siendo. He recibido un reconocimiento que me ha devuelto a mi propia historia. Me han devuelto a mi propia persona. Esto no tiene precio. He comprendido, no sólo intelectualmente, sino integralmente, que tiene, tuvo y tendrá siempre sentido haber sobrevivido. Sé que la reciente masacre de docentes en el Estado de Paraná, Brasil, tiene que ver también con estas sensaciones que comento.

No se puede golpear impunemente a profesores en la calle, como si fueran basura humana. La profesión docente es clave en el desarrollo humano de todas las personas. El ver los rostros sangrando de mis colegas, me tocó y me toca profundamente. Me acordé de los tiempos en que esos rostros sangrando eran los de obreros y estudiantes de la Argentina que resistía a la dictadura de Onganía, el mercenario asesino. Hoy, desde este lugar, expreso mi más ferviente deseo de que el gobernador José Richa, de Paraná, Brasil, sea juzgado junto con todas las demás autoridades responsables por la masacre de profesores.