Valoración positiva de la afectividad, de la sexualidad, del placer

Casi no debería ser dicho nada sobre ésto, por ser tan obvio: el ser humano necesita desarrollarse en armonía con estos tres valores básicos. Pero a partir del hecho de que existen instituciones que condenan el placer y conciben al ser humano como siendo pecaminoso, que condenan al sexo y hacen del amor humano algo tan abstracto que ni parece que hayamos todos nacido del amor de dos seres humanos, es necesario decir, sí, algunas cosas.

La persona feliz no puede ser dominada. Entonces fueron creados el pecado, la culpa, la condenación. Por lo tanto, es necesario recordarle al ser humano que su estado natural es de felicidade y de inocencia. Y esto presupone la aceptación de sí mismo, de su cuerpo, de sus deseos, de su sexualidad, de su afectividad.

Recuerdo un texto de Rubem Alves, teólogo y psicoanalista, que decía: si el placer fuera pecado, Dios no nos habría dotado de tantos órganos de placer: todo nuestro cuerpo es un órgano de placer. Según Max Weber, sociólogo y economista, las iglesias son organizaciones para la administración del perdón de los pecados. Para poder lucrar con el pecado, hay que crear el pecado, y convencer a las personas de que el pecado existe.

Pero del mismo modo como el pecado es creado, se crea también la liberación de la noción de pecado. Se busca construir una humanidad basada en valores como la aceptación de sí mismo y del cuerpo, de la afectividad y de la sexualidad. Se crea la noción de liberación.

Y por la vía de la liberación, vienen las ideas y las prácticas de recuperación de la persona humana. La liberación de la sociedad de clases (Karl Marx), la liberación de los oprimidos (Paulo Freire), la liberación de las personas excluídas, de los rechazados socialmente, de los marginalizados, de los que creen que no pueden, que no tienen derecho a existir, las víctimas del sistema (Adalberto Barreto).

Osho, así como Wilhelm Reich, ayudaron a desarrollar y a poner en práctica la liberación de las nociones de pecado y de culpa, desde las perspectivas de una religiosidad libertadora, y del psicoanálisis social, respectivamente. Pero hay toda una programación social perpetuada por buena parte de las iglesias cristianas, y especialmente por la Iglesia católica, que insisten em desempeñar el papel de aliadas espirituales de la dominación capitalista.

José Comblin, sociólogo que vivió en Brasil, es una das figuras más notables de la Teología de la Liberación. Sus libros inspirados e inspiradores, nos traen una semilla viva de liberación, y esto presupone una aceptación del cuerpo, del sexo, de la afectividad, del amor.

En esta misma línea de la Teología de la Liberación, debe enfatizarse el trabajo del también teólogo de la liberación, antropólogo y médico psiquiatra Adalberto Barreto, creador de la Terapia Comunitaria Integrativa.

La Terapia Comunitaria Integrativa es una tecnología de cuidado, una práctica social y una forma de conocimiento, que se basa en el reencuentro del yo comunitario de las personas de todas las clases sociales. Una recuperación de la identidad, de la memoria y del lugar social de los individuos que se sentían excluídos.

Una revalorización de los vínculos afectivos, de la familia y de las redes sociales. Esta tecnología de cuidado nació en el nordeste brasileño, en la favela de Pirambú, en Fortaleza, capital de Ceará, y se expandió por todo Brasil, llegando a otros países de América Latina (Argentina, Uruguay, Chile, Venezuela), Europa y África.

En 2013, en el mes de setiembre, será realizado en João Pessoa el VII Congreso Brasileño de Terapia Comunitaria Integrativa y el Encuentro Internacional de Terapia Comunitaria Integrativa. El lema: fortaleciendo vínculos y redes sociales, y transponiendo fronteras.

La superación de las fronteras presupone una integración de saberes: el científico y el popular. Presupone también que todos somos doctores de nuestra propria experiencia. Es una recuperación de los saberes de nuestros ancestrales indios y negros, inmigrantes europeos y de otros orígenes.

La humanidad no puede permanecer impasible frente a los desafíos del tercer milenio. La fragilización de los vínculos sociales y de las condiciones psíquicas de las personas impuesta por la forma actual de la dominación capitalista, denunciada tanto por Adalberto Barreto en su conferencia sobre las consecuencias psíquicas de la mundialización, como por José Comblin em su libro La profecía en la Iglesia, exigen el fortalecimiento de las personas y de las comunidades, de las familias y das redes sociales. Solamente así poderá ser resistida la fuerza destructora del sistema sin alma comandado por el dios Dinero.

Para terminar, me gustaría recordar algunas nociones de Max Weber, acerca de la situación del carisma y de la religiosidade en los tiempos modernos. Max Weber dice estas cosas en los comienzos del siglo XX, pero la situación atual aún las mantiene válidas. Es lo que se refiere às pequenas comunidades donde se refugió el pneuma profético que en el pasado incendiara sociedades enteras.

En las sociedades modernas, marcadas por la burocratización, la racionalización, el intelectualismo y la rutinização, el sentido de lo sagrado permanece en esas pequeñas comunidades por afinidad, en las que predominan relaciones directas e fraternales, y donde pulsa en pianíssimo ese pneuma profético que en el pasado ardiera con furia arrasadora.

Pienso que en los días de hoy, las palabras de Max Weber son todavia más actuales que en el tempo en que fueron pronunciadas. Esto es un alerta para las sociedades: hay que fortalecer lo comunitario, las redes sociales, los vínculos familiares, como antídotos eficazes para detener la destrucción humana en que se basa la explotación capitalista. Obviamente, lo que vale para la sociedad como un todo, lo que vale para las sociedades del planeta entero, vale también para las iglesias cristianas, y, entre ellas, para la Iglesia Católica Romana.

Foto de José Comblin