Una especie de silencio

Ayer a la tarde, entraron en crisis los ismos y las “logías” entre las cuales pretendí algún día encontrar las orientaciones para actuar en mi vida. Eran tantos los consejos, justificados racionalmente, hablando en mi cabeza al mismo tiempo, que tuve que dejarlos, previa charla con alguien que conoce el fondo de mi alma.

Entonces vino una especie de silencio, que se formó en mi interior como una imagen visual tridimensional: un cubo hecho de cubos blancos en el centro, formando una cruz: esto era el silencio. Los demás eran cubos negros, en los vértices del cuadrado.

Esto lo ví cuando salí a caminar a la tarde, mientras andaba caminando por una de las calles del barrio donde vivo. Ese blanco me fue calmando. Fui dejando de pensar en qué tantas orientaciones para vivir y actuar, que me atosigaban. Me había intoxicado de razones interiores para actuar como debía ser.

Una especie de policía interior activada y mantenida por mí mismo, como creo que le debe pasar a todo el mundo, para actuar correctamente, para no equivocarme.  No necesito de tantas orientaciones.

Hay algunas que ya forman parte de mi mismo, pues son muy antiguas y se han ido como que incorporando a mi propio ser. Pero no necesito andar por ahí con una especie de vademécum interior que a todo instante  me esté queriendo forzar a ir en esta o en aquella dirección.

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