Una acción integral

Reflexionando sobre el reciente texto de Alder Júlio Ferreira Calado, intitulado Sociedad e iglesias en distintas latitudes: problemas comunes, con distintas prioridades y urgencias… surgieron en mi entendimiento, algunas consideraciones.

La más importante, es la que se refiere al llamado de atención del autor en el sentido de que no podemos ni debemos permanecer ajenos (o ajenas) a la complejidad de la acción humana, a la multiplicidad de frentes de actuación que se presentan para quien actúa en sociedad.
Resuena la frase del poeta Terencio: Soy humano y nada de lo humano me es ajeno. Esta exhortación es de una profundidad incomensurable. Nos llama hacia una apertura tan vasta como la propia vida y, en este sentido, al amor incondicional.

No basta que cada uno, cada una, esté volcado/a hacia un tipo de acción específica, no importa en cuál de los campos de la existencia social. Es necesario que nos tornemos permeables a lo que la humanidad, el hecho de que somos seres vivos en el Cosmos, nos dice, por el simple hecho de formar parte de esa totalidad.

Esta vasta exhortación es, en verdad, mucho más que solamente un llamado de atención, que el autor sitúa en el campo tanto de la sociedad, como de la institución eclesiástica, de las iglesias cristianas, y de la católica em particular. Es una llamada de atención, sí, pero de un alcance impredecible.

Quien conozca el autor y a su obra, que incluye no sólo densos estudios sociológicos en el campo de la educación, educación popular y movimientos sociais, sino también escritos poéticos y literarios, sabe que esta es una característica del abordaje de Alder Júlio Ferreira Calado: la percepción y la exploración de los innumerables hilos con que la realidad está tejida.

El humanismo la sensibilidad que el autor imprime y transmite no solamente a través de sus escritos, sino también con la palabra viva que es su propia presencia, no pueden dejar a nadie indiferente.

No basta la acción puntual, por más envolvente e importante que sea, si ella no estuviera animada por un afán de ser, al mismo tiempo, parte de una respuesta global que yo, como individuo y como parte de uno o más colectivos, estoy obligado a dar, por el simple hecho –repito— de existir, de ser un ser humano de este tiempo.