Un día

El día había comenzado de aquella forma. Los pájaros cantando en el silencio de la mañana. Parecía como un ritual. Una oración. La claridad del cielo, las nubes coloridas por el sol mañanero. Y tú caminando por la playa. La arena mojada reflejando el cielo, el agua en tus pies, las olas yendo y viniendo. Los niños jugando, las mujeres pasando. Adelante tuyo, el panorama de la gente bañándose o entrando o saliendo del mar. Hay algo tan especial en  estas horas primeras. La beira mar.

La gente caminando en el comienzo del día. Parece como que hay algo virginal en estas horas iniciales. Después el tránsito, los vendedores, la  construcción de la esquina. Y tú caminando, yendo o viniendo, yendo y viniendo, como todo lo que está vivo. Vuelves a casa y escribes estas cosas, las sueltas al viento. Y el sol debe estar allá arriba. El sol, que ayer veías cuando ibas a la Cidade Verde en auto, a la tarde, esa esfera amarilla, redonda, feliz, irradiante. Recordaras la oración de San Francisco: alabado seas, mi Señor, por el Hermano Sol.  Doña Marieta al borde de la vida. Tanta grandeza en el vivir. Y aquella inmensidad asustadora, la muerte. La casa de seu Chico. Tantos recuerdos. La vida de todos los días. Poner las letras en el renglón y ver qué se forma.