Transformación

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Hay cosas que quisieras dejar de recordar de una vez por todas. Cosas que quisieras que nunca hubieran acontecido. Pero, como dice Borges: “Sólo una cosa no hay, es el olvido. Dios, que salva el metal, salva la escoria, y cifra en Su profética memoria las lunas que serán y las que han sido.” Quisieras volver a un tiempo de inocencia, de barquitos en la acequia y caminatas en el parque.

Quisieras saber que un país se hace entre todos y todas, que una Argentina que quiso nacer y fue sofocada a tiros y mentiras, no morirá jamás, vive en el corazón de cada uno de los que tuvimos la gracia de sobrevivir. Y si las alegorías de la infamia y la aberración aún te duelen, duelen porque duele la traición, sabes que eso no es lo único que cosechaste de tus años juveniles.

Sabes que un nuevo ser nació dentro de ti cuando pasaste la frontera y encontraste este Brasil que aún te acoge, que recibe como recibió, de brazos abiertos, al inmigrante. Es un ejercicio diario, como para tanta gente, el de seguir haciendo flores de las espinas. Lo que aquí recibiste, fue la solidaridad sin límites, de un pueblo hecho a golpes como se hace toda la gente. Gente que aprendió a encontrar lo mejor en los demás, gente que sigue luchando y trabajando para hacer alegrías de sus tristezas. Por eso dices, en este fin de año, gracias, una vez más: Gracias, vida.

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