Tiempo

relojEl día había terminado más temprano. A veces pasa esto, que los días terminan antes de terminar propiamente. Lo supe mientras estaba en la sala de espera del médico. La televisión pasando la novela “Cobras y lagartos”. El movimiento de gente entrando y saliendo.

La recepcionista desdoblándose entre el atendimiento de las personas que llegaban, el teléfono, y los exámenes que eran realizados en la sala contigua al consultorio. Ahora ya es de noche. No hace mucho, el sol se fue hacia otro lugar. Y la vida sigue del lado de acá del crepúsculo.

Cuántas indagaciones en el día. Cuántas oraciones. Cuánta conversación con Dios. A la mañana, la espera en el Banco. ¡Tantos recuerdos! Miraba el verde de la mata de la universidad, y recordaba otros tiempos. ¡Cuánta vida condensada! Yendo y viniendo.

Las compras en el supermercadito del bairro. Las veredas como em espera. Y mi nuevo libro, como un gran eco de mí mismo que a cualquier momento me recibe. Es notable cómo me he ido pasando en limpio a lo largo de todos estos años de escribir. Hice el inventario de lo hecho en el día, y entonces supe: el día había terminado.