También puede ser la vida

amanecerEsta mañana me di cuenta de esto. Además de las obligaciones, de los deberes, de los “tenés que”, de los debo, debería, está también la vida. La vida es algo muy tenue, muy sutil, y sin embargo totalmente concreto y evidente. Sin embargo, uno puede haberse distanciado totalmente de eso tan simple, de eso que es estar vivo, estar aquí y ahora.

De pronto las obligacioes y los deberes, pueden ser dejados para otro momento. Uno puede tener que cumplirlos o atenderlos, pero no a costa de la vida. Esta mañana me di cuenta de esto, y me sentí muy bien. Fue una sorpresa agradable, estar aquí, simplemente estar aquí, darme cuenta de que estoy vivo, y que esto es algo que en sí mismo tiene ya una dirección y un sentido.

De repente más allá de todo lo impuesto y aprendido, o más acá, mejor dicho, muy aquí, muy en mí, estaba la vida, está la vida, como siempre, palpitamte. Fui a la farmacia a comprar unos remedios, pero lo hice por placer, no por obligación. Me dejé ir por las veredas.

Pasé por la parada de ómnibus: la vereda en estado lastimoso, agujeros, suciedad. Seguí y pasé en frente de la casa de material de dibujo, la churrasquería, el hotel, la casa de cuadros, la floricultura, la costurera donde una vez llevé una ropa para remendar.

Mientras caminaba, recordaba la gente que encontré en esos lugares, vendedoras o vendedores. Cuando llegué a la farmacia, me parecía que era algo nuevo, no era algo ya vivido. Parecía que era la primera vez que estaba allí, y sin embargo ya había estado allí otras veces antes. La vida está en sí misma, viene de sí misma.

Después que compré los remedios y volví a casa, hice el camino contrario. Pasé por la tienda de colchones, el mercado de artesanías, el restaurante paraibano, el baldío con montones de basura, el cuartel de la policía, el kiosko. Ahora estoy en casa escribiendo estas cosas, con un aire de novedad que me alegra.

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