Sólo le pido a Dios

fotoDudé bastante si debía o no escribir. Pero ya que la libertad de palabra está en vigor, me acojo a ella. Y digo que me alegra lo que los medios de comunicación propagan.

Que me alegra que se haya legalizado en otro país, la unión legal entre personas del mismo sexo.

Es hasta exigido por lo políticamente correcto. Algo tan vago y aséptico. Todas las minorías tienen derecho al respeto. En realidad, todos y todas tenemos derecho al respeto.

Me alegraría más que la sanción de una ley o muchas leyes, saber que ya no se discrimina a nadie, en ningún lugar del mundo, no sólo por su sexualidad, sino tampoco por su condición social y económica, por su religión o falta de ella, por su color de piel o por lo que sea.

Que ya no se discrimina. Esto me alegraría más. Yo no sé si viviré en ese día. No sé si viviré en el día en que se celebre en las redes sociales, en las veredas y en las calles, en las escuelas y en las familias, que ya no hay más hambre.

Que no hay más fábricas de armas. Que ya no se tortura más. Que no hay más violencia contra las mujeres. Que no hay más violencia contra los niños y niñas. Que no hay más violencia contra los pobres y los negros. Que no hay más violencia.

No sé si veré ese día. Pero rezo todos los días, pido a Dios todos los días, que ese día llegue. Y hago todos los días, para tratar de ser más honesto, más coherente y más amoroso en mi corazón.

Para que yo no me llegue a contar entre el número de aquellos y aquellas que hablan y dicen una cosa, y viven de otra manera, contraria. Que yo sea consecuente hasta el final.

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