Sobre la crítica

“Siempre fue más fácil criticar”, leía, ayer, en Linhas Tortas, de Graciliano Ramos. De hecho, esto es verdad, y no me parece que haya que detenerse mucho en su contenido, para enfatizar la diferencia que existe entre una postura de crítica y otra u otras que no se detienen en lo que está mal, en lo que no nos gusta, en lo que no sirve, en lo que es malo. Esto, que puede parecer una perogrullada, no lo es. No lo es, y voy a decir por qué. La crítica esconde algún tipo de cobardía, un cierto tipo de desprecio por el otro o por los otros, por algo que no se coaduna con nuestra forma de pensar o de ver el mundo. No estamos de acuerdo y lo decimos, esto es la crítica. Yo sé que hay un enorme número de personas que irá a decir, pues lo dice todos los días, que hay que decir lo que está mal, que no hacerlo es conformismo. He oído decir esto desde que era joven, hace ya mucho tiempo. Sin embargo, ya en aquél tiempo, como también hoy, sigo creyendo que la crítica es un poco el lugar del cómodo, del que prefiere no hacer nada y creer que hace algo al decir lo que los demás no hacen o hacen mal. Si mirás los diarios o la televisión, verás un desfile de descripciones de lo que está mal en el mundo, en la ciudad, en la nación, en la vida de no sé quién. No es que esté mal en sí mismo decir lo que está mal, no me entiendas mal. Es que la mera actitud crítica, nunca hizo ni hará nada, nunca hace nada, y se cree lo más importante del mundo. Creerás rebatir este argumento diciendo que Marx, que Kant, que Paulo Freire, fueron críticos y construyeron, fundamentaron nuevas formas de ser, hacer, pensar y sentir a partir de la crítica. Yo te diré que en ellos la crítica fue necesaria pues estaban construyendo una nueva visión de mundo, y era necesario destruír lo viejo. Jesus hizo lo mismo. Pero en ninguno de estos casos, lo fundamental fue la crítica, sino el sentimiento de que había que construír algo nuevo. Esto es lo fundamental. La crítica puede haber sido, en estos casos, importante, pero como medio, nunca como fin. No es lo que se ve en el negativismo de cierto criticismo criticón muy de moda, tan estéril como cómodo, pasivo, meramente destructivo, que se complace en señalar lo que no está bien, lo que está mal, lo que hay que cambiar. ¡Pero no cambia nada!