Resistir, resistir y resistir. Hasta derrotar al golpe

Estas son horas de dormir. ¿Pero quién puede dormir pensando en lo que el gobierno ilegal e ilegítimo actualmente en el poder en Brasil viene haciendo contra la democracia, contra la ciudadanía, contra los derechos sociales como la educación, la habitación y la salud?

Lo que la prensa al servicio de los sectores antidemocráticos viene haciendo, al manipular la información y la opinión de una masa amorfa de personas sin criterio y sin noción de la historia, que fueron usadas para sacar a la presidenta constitucional, Dilma Rousseff, de su cargo.

Esto todavía puede revertirse, si el senado lo desea. Pero no dejamos de preguntar: ¿por qué tanto odio a los pobres? ¿Por qué tanto odio a quienes trabajan y empezaron a ser tratados como gente, a partir de los gobiernos de Lula y Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores. ¿Por qué tanto odio?

¿Por qué tanto apuro en devolver al Brasil a la condición de país segregado y segregador? ¿Por qué tanto énfasis en mostrar lo que tiene de peor la política: la mezquindad, el abuso de poder, la mentira sistemática practicada como política al servicio de la dominación oligárquica?

Están llevando al Brasil a un abismo, sin necesidad. Podrían seguir robando y disfrutando de los privilegios de una política que siempre les favoreció, sin necesidad de hacer tanto daño a tanta gente que trabaja y que muchas veces vive al borde de la sobrevivencia, dependiendo de algún amparo del Estado para poder existir.

Surgen estas preguntas, hoy, Jueves Santo, y no vienen las respuestas. ¿Por qué el sistema internacional, la ONU, la OEA, Unasur, no actúan en defensa de una democracia que está siendo destruída sin misericordia?

La ONU y la OEA sistemáticamente han actuado en el escenario internacional, para proteger los intereses de los países más poderosos del planeta. ¿No podrían hacer una excepción en este caso, y actuar en favor de un país que sin ser tan poderoso en lo económico y político, no es, tampoco, nada desdeñable?

¿No podrían por una única vez, al menos, actuar en favor de la justicia y los derechos humanos, antes de que siga adelante este proceso perverso y amoral? Estas organizaciones tienen poder para interferir cuando les conviene a quienes mandan en el mundo.

El CIDH-OEA y el ACNUR-ONU han actuado, en un pasado no tan distante, de manera elogiable, al defender los derechos humanos de personas que eran perseguidas por la dictadura que asoló a la Argentina entre 1976 y 1983.

¿Será que tendremos que esperar que se desate nuevamente una represión ilegal semejante en Brasil ahora, para que estos organismos puedan volver a actuar en defensa de los derechos humanos? Las agresiones a los derechos humanos en Brasil viene produciéndose en una escalada macabra.

Mueren activistas de derechos humanos, y no se investiga ni se pune. Son agredidas mujeres, indios, trabajadores y trabajadoras rurales sin tierra, estudiantes, y no se investiga ni se pune. Es elogiada la tortura y la dictadura militar en sesión pública del congreso nacional, el día 17 de abril de 2016, y no se pune lo que es un delito contra la humanidad.

¿Van a esperar que empiecen a desaparecer personas, para actuar? Esto sería como decretar la falencia total del sistema interamericano y del sistema mundial de naciones. No queremos ser pesimistas, pero parece que lo que está al comando de este proceso de golpe en Brasil, no desentona en nada de lo que comanda las invasiones de países que, como el nuestro, también tienen grandes reservas de petróleo.

Es lamentable que en pleno siglo XXI, la lógica que comande la existencia humana siga siendo la lógica capitalista de la explotación y la ganancia. No hemos avanzado demasiado en lo que se refiere a la valorización de la vida como un don valioso en sí mismo, independientemente de su utilización como medio de producción y/o consumo.

Las declaraciones internacionales sonarán como falsas, cuando les toque decir por qué se omitieron en el caso del colapso de la democracia brasileña, si es que se llega a producir. Hay muchos movimientos de resistencia en la base. Ojalá que esta fuerza multiplicada sea capaz de detener la destrucción del sistema democrático y de la sociedad brasileña.