Resistir a la destrucción del orden democrático

imagesLo que está ocurriendo en Brasil ahora, es mucho más (y mucho peor) que un mero golpe de Estado, o la mera caída de un gobierno democráticamente elegido. Es un golpe de Estado, sí, y también es la caída de un gobierno democráticamente elegido.

Pero es también, y aquí está lo grave, lo realmente grave de esta situación de asalto al poder que se está viviendo en Brasil, es que se trata del intento de restaurar un régimen que no solamente no es democrático, sino que es completamente antihumano. Es un retroceso civilizatorio.

Es la vuelta a aquél orden perimido en el que una ínfima minoría disfruta de todos los bienes y privilegios, a costas del trabajo esclavo de la mayoría de la población. La ventaja del gobierno Temer es que es tan descarado, que permite ver con claridad de qué se trata.

Es la caída de la democracia como posibilidad de vida para la mayoría de la población. Quieren que quienes trabajan, lo hagan hasta morir, y a bajísimo costo. Sin disfrute de la cultura, sin derecho a estudiar ni a capacitarse profesionalmente, sin salud.

Es el modelo de la exclusión, que el mundo conoció bajos los regímenes feudales y coloniales. Esto es lo que se están queriendo restaurar en Brasil. Esto es lo que no podemos dejar, bajo ninguna hipótesis, que ocurra.

La exclusión de mujeres y negros del gabinete ministerial golpista es simbólica. No quieren mujeres ni negros, a contramano de lo que se vino haciendo en las varias acciones tanto de base como gubernamentales, en estos pocos años de vida democrática, desde el fin de la dictadura hasta hoy.

No quieren que la cultura sea disfrutada por la mayoría de la población, que la genera y de ella hace un espacio de afirmación de las diversas identidades que componen la sociedad. Quieren seguir manipulando corazones y mentes, controlando comportamientos, desde la prensa comercial, como lo han venido haciendo de manera descarada durante todo este lento proceso de agresión a Dilma Rousseff, Lula y el PT, símbolos estos, de ese Brasil incluyente que ahora quieren destruír a golpes de decretos.

La prensa golpista está asociada a un poder judicial y a una policía serviles al proyecto de país que quieren implantar. No lo van a conseguir. La resistencia de trabajadores y trabajadoras, así como de los movimientos sociales y del sector democrático del parlamento, debe permanecer firme y sin tregua.

Ya que no hay justicia ni hay ley, debemos ser más que nunca responsables, evitando las provocaciones del oscurantismo racista, fascista, homofóbico y esclavista. Teniendo en claro que se trata de defender un sistema de vida, un orden social abierto, incluyente, para todos y todas. Esto va a dar trabajo, pero es un trabajo que no podemos evitar, si tenemos algún aprecio por la libertad. Y hay que tenerlo, ya que sin libertad somos menos que humanos.