Resistencia

Yo no me puedo quedar callado mientras sigue adelante la maniobra de destrucción de la ciudadanía, la reducción de lo humano en favor del capital y de la impunidad de las élites dominantes.

Pero al mismo tiempo, me doy cuenta de que no basta denunciar, criticar, oponer una resistencia moral. Esto es necesario, pero hay que ir más allá, como varias personas están señalando.

Cada uno, cada una, debe ser un bastión inexpugnable, donde no puedan entrar los “valores” del enemigo. Cerrar el cuerpo, cerrar el alma, cerrar la mente a la maniobra diabólica en curso, que pretende que nos vayamos aislando unos de otros, cayendo en la indiferencia, el distanciamiento, la alienación.

Cultivar interiormente, y en nuestros espacios de relación, los valores sólidos de la humanidad perenne. La solidaridad, por encima de todo. Esa cualidad que hace que el dolor de la otra persona, me toque.

Pero que yo tampoco caiga en la trampa de perder mi felicidad, mi alegría y mi paz, a las que tengo derecho inalienable, en virtud de la propaganda que por todas partes trata de convencerme de que el mundo es una porquería y que no vale la pena luchar por nada.

Fortalecerme radicalmente, desesperadamente, con dedicación total, en la conciencia de que mi valor nace de la resistencia que fui capaz de mantener y aún mantengo, contra la saña enfermiza del sistema dominante.

Esto significa que me voy a centrar cada vez más, en la noción clara de quién soy, de dónde vengo, cuáles son mis valores fundamentales, los que me mantienen vivo. Mi historia personal y familiar. Mis raíces culturales.

Los ideales que me mueven, y que significan concretamente, que yo me sé parte de un esfuerzo colectivo de dignificación de la vida. No pueden impedir que yo me libere, que vos te liberes, que desde abajo hacia arriba, y alrededor, por todas partes, las luces de gente que no se rinde, empiecen a brillar cada vez con más intensidad.

Deixe uma resposta

O seu endereço de e-mail não será publicado. Campos obrigatórios são marcados com *