Report of a Day

Hoy bajé del primer piso con dos libros de Julio Cortázar en la mano: Valise de Cronopios, y Final del Juego. Del primero, recordaba además del artículo sobre “no estar del todo aquí”, o “no ser del todo de aquí” (no recuerdo ahora exactamente cuál es el título, pero me parece que es el primero), la sensación que la lectura de otro sobre Theodor W. Adorno (el gato, no el sociólogo) me despertara al leértelo ayer. Recordaba también nuestra caminata ayer por la noche en la arena, la vista del mar iluminado por el claro de luna. Pero ahora lo que quiero decir es que me acordaba de una foto de Julio Cortázar en que aparece sonriendo, como haciendo una broma o mostrando sorpresa, y esto me remitía a pensar en cómo debe haber sido su vida cotidiana, su relación con la gente, etc.

Ahora corrijo un texto revisado por una amiga, y siento el aire del ventilador circulando por la sala del computador, en la planta baja. Ya fuimos al hospital a ver si le daban alguna cosa que lo mejorase el hijo de mi amada, y ahora sigo contando las cosas del mismo día, varias horas después. Esto es como para que se sepa que esto es todo cosa de la misma jornada. Existe algo que se llama “la sensación del día”. Por si la cosa no te dice nada o no sabés de qué se trata, te aclaro que para mí es algo también nuevo. Y esto es para decir que cuando hablo de “la sensación del día”, me estoy refiriendo nada más ni nada menos a qué es lo que el día me está diciendo. En algún tiempo, puede ser que haya sido de algún modo, y ahora es de otro. La de hoy, es de tal forma que me veo en la obligación de hablar de otra cosa importante: la necesidad de que la persona en algún momento de su vida, redefina el lenguaje para con ella misma, las cosas que dice de sí para sí, el modo como trae el mundo externo y el interno también, a su conciencia. O sea: recrear por completo su lenguaje interior. Esta mañana mientras caminaba por la playa, se me ocurrió que muchas veces, por no decir siempre o casi siempre, cambiamos las cosas, exteriorizamos lo interno, cosa que no debíamos, e interiorizamos lo externo, que tampoco se debe hacer.

Este descubrimiento tiene conexión con el anterior, sobre la necesidad de que uno recree por completo su lenguaje interno. El lenguaje interno está hecho de percepciones sutiles, no siempre –o casi nunca, para ser más preciso– transponibles al mundo de las palabras, demasiado marcadas por al coacción exterior del mundo social del poder y la dominación. Estas percepciones sutiles, estos modos propios que tenemos de conocer y de conectarnos, de percibir la realidad, por no poder ser traducidos al lenguaje externo internalizado, al lenguaje ajeno indebidamente hecho nuestro, dejan de decirnos cosas, lo que es grave, pues perdemos la conexión con la realidad según ella se nos presenta de modo único y exclusivo.

De ahí la necesidad de recuperar por completo el lenguaje interior. Hablando con un viejo amigo, un misionero de la fe pura que vive en Sousa. Por todas partes el dolor y quien quiera aliviarlo, como este joven bautista que no nos olvida. Mi hija en Mendoza. Y tú aquí, en esta mañana, con el ventilador aún girando y girando, en un intento por disminuir el calor de esta jornada que ya casi va llegando al mediodía. Corriges el libro de Adalberto Barreto, Terapia Comunitaria paso a paso. Ya almorzamos. Vida en familia. Sueños con una casa en Praia Bela. Es necesario soñar.

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