Rehacerse

Escribo y leo. Organizo mis escritos sobre la poesía y la literatura. Los libros que he leído, las escritoras y escritores que admiro. Al realizar esta tarea veo que mi vida está contenida en cuentos, en historias, en poemas. Este trabajo no tiene fecha para terminar. No hay un plazo, una conclusión prevista. Es algo que hago para poder seguir respirando, para continuar encontrando alegría en el vivir.

Se van deshaciendo las formalidades académicas, las exigencias de estilo, los prejuicios, las padronizaciones, los miedos. La libertad del arte es lo que más me apasiona. Este ejercicio cotidiano tiene la virtud de reponerme en la totalidad del universo. Todo se va simplificando en mi vida. Voy ganando más seguridad. Voy sintiendo el piso firme bajo mis pies. Es como si me sostuviera el propio Dios.

Al mismo tiempo me interiorizo más sobre lo que es el arte como actividad vital, como necesidad inherente a la vida humana. Entonces pintura, escritura, música, películas, canto, todo se reúne y se resuelve en un gesto unitivo en el que me voy rescatando de tanta fragmentación. No trato de mantener alguna coherencia en lo que escribo, como no sea aquella que debo a mí mismo como persona con una trayectoria determinada.

Más bien dejo que escribir sea como vivir, un florecer. Y lo que digo de escribir se aplica a leer, pintar, jugar con colores, escuchar una canción, mirar el sol que se va yendo a la tarde, el mar, un niño jugando, una flor, el cielo, estas letras que se van enrollando sobre sí mismas hasta quedarse quietecitas como un ovillo en el piso de la sala.

Juego, por eso es que esto me atrae tanto. Es más que todo un sorprenderme con lo que voy siendo capaz de ver, de aprender, de admirar, de experimentar. Se borran las fronteras de un yo que se descubre totalmente parte del todo.

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