Registrando

Ese día realizó lo que se le figuraba, podría llegar a ser, o sería, con certeza, el sueño de todo escritor. Se le ocurrió que debería decir escritoras, también, para que no se le tachase de chauvinista, machista, o cosas peores, muy al gusto de la moda actual. Pero prefirió dejarlo así. Al final, pensó, escritores o escritoras, tal vez ellas las escritoras no tengan los mismos sueños que los escritores, o que este escritor, que es el que escribe este escrito.

La cuestión, para volver a lo que quiero decir, es que nuestro personaje supo ese día, que había conseguido realizar lo que le había parecido imposible y al mismo tiempo deseable en su oficio: registrar todo lo ocurrido desde el mismo instante en que se levanto, con la vaga e imprecisa sensación de un sueño tan nítido, pero si era tan nítido por qué no te lo podés acordar ahora.

Bueno, y enseguida ver la luz en el cuarto, preparar el café, poniendo el polvo de café en el lugar apropiado, el agua en el recipiente inferior de la cafetera, cerrar todo y ponerlo al fuego en la última hornalla a la derecha y al fondo. Ir a la clínica y alegrarse de que había lugares disponibles para estacionar. Ver a la gente esperando en la sala de espera, gente leyendo revistas o viendo televisión.

El médico regordete, no muy expresivo pero sí afable. Es gota. Tá com a gota, le salió la argentino-nordestinada. Pues bien, si es gota, gotita a gota la iremos disolviendo. A base de una cervecita que se tomó con su enamorada mientras comían un delicioso pollo a la parmesana en el restaurant de la Epitácio Pessoa. Y ya volviendo a casa, con la sensación del deber cumplido, anotando todo lo ocurrido. La literatura es eso, es la atención total a todo, ¿te das cuenta?